La visita sorpresa del director de la CIA, John Ratcliffe, a Moscú tiene un precedente difícil de ignorar: la última vez que un jefe de la agencia estadounidense viajó a la capital rusa fue en noviembre de 2021, cuando William Burns llevó personalmente al Kremlin una advertencia sobre la invasión de Ucrania que Washington veía aproximarse. Cinco años después, Ratcliffe ha repetido un movimiento extraordinariamente raro y las explicaciones que han trascendido son inquietantes.
Máxima tensión. Sí, porque esas explicaciones vuelven a girar alrededor de una posible escalada rusa: desde un ataque limitado para poner a prueba a la OTAN hasta una intensificación brutal de la guerra en Ucrania y, en el escenario más extremo, el posible empleo de armas nucleares tácticas.
Trump ha descrito el viaje como “semi-rutinario”, pero el contexto y el precedente explican por qué resulta difícil verlo como una visita diplomática más.
La última vez. Como decíamos, el precedente se remonta a noviembre de 2021, cuando el entonces director de la CIA William Burns viajó a Moscú enviado por Joe Biden en un momento en el que Estados Unidos comenzaba a detectar los preparativos militares rusos alrededor de Ucrania.
Burns transmitió al Kremlin una advertencia contra una invasión y comunicó las consecuencias que tendría una ofensiva, pero tres meses después, el 24 de febrero de 2022, Putin lanzó la invasión a gran escala. Desde entonces no se conocía públicamente otra visita de un director de la CIA a Moscú, hasta que John Ratcliffe apareció allí esta semana.
Una decisión capital. Ratcliffe realizó el martes su primera visita públicamente conocida a Moscú desde que dirige la agencia, en un viaje que la Casa Blanca apenas ha explicado. El Kremlin sí confirmó que mantuvo conversaciones con responsables de los servicios de inteligencia rusos y que no se reunió directamente con Putin, aunque Dmitri Peskov aseguró que el presidente ruso fue posteriormente informado de lo hablado.
Trump intentó rebajar la trascendencia vinculándolo en términos generales a los esfuerzos estadounidenses por terminar la guerra, pero enviar a Moscú al máximo responsable de la inteligencia estadounidense sigue siendo un movimiento excepcional.
La principal explicación es inquietante. Según personas informadas sobre el viaje citadas por The Wall Street Journal, Ratcliffe acudió a Moscú para advertir a Rusia de que no atacara a ningún miembro de la OTAN. La visita se produjo después de nuevas evaluaciones de inteligencia estadounidenses según las cuales Putin podría intentar comprobar la determinación de la Alianza mediante una agresión limitada contra uno de sus miembros durante los próximos años.
El escenario que preocupa a Washington no tiene por qué parecerse a una invasión convencional a gran escala: podría ir desde un gran ciberataque hasta una pequeña incursión terrestre, posiblemente contra alguno de los países bálticos.
El cálculo ruso y una debilidad incómoda. Las evaluaciones estadounidenses introducen además otro factor que podría influir en los cálculos del Kremlin: la presión sobre las reservas occidentales de determinadas municiones críticas. Estados Unidos y sus aliados llevan años transfiriendo armamento a Ucrania y, según el Journal, el conflicto con Irán ha añadido nuevas exigencias sobre algunos inventarios estadounidenses.
La preocupación es que Moscú pueda interpretar esa dispersión de recursos como una ventana de oportunidad para realizar una acción suficientemente limitada como para sembrar dudas sobre hasta dónde estaría dispuesta a llegar la OTAN para responder.
El gran temor de Europa. El viaje coincide, además, con una sucesión de incidentes que algunos gobiernos europeos interpretan como parte de una campaña rusa de guerra híbrida contra la OTAN. ABC News informó de que un dron explosivo localizado este mes cerca de un avión de carga Antonov An-124 en el aeropuerto alemán de Leipzig presentaba características asociadas a dispositivos utilizados por el GRU, la inteligencia militar rusa, según una evaluación estadounidense realizada junto a organismos alemanes.
A esto se suman incursiones de drones, operaciones de sabotaje y otros episodios atribuidos o vinculados a Rusia, alimentando el temor de que Moscú ya esté tanteando las defensas occidentales sin cruzar todavía abiertamente el umbral de un ataque militar convencional.
Un motor turborreactor desechable Microturbo TRI 60-30 utilizado por el misil de largo alcance Storm Shadow
Otra explicación: de vuelta a Ucrania. El segundo gran escenario alrededor del viaje de Ratcliffe es un endurecimiento de la ofensiva rusa después del deterioro de las negociaciones y de los crecientes daños que los ataques ucranianos están provocando dentro de Rusia. Bloomberg informó, citando a tres personas próximas al Kremlin, de que Moscú estaba valorando intensificar los ataques con misiles balísticos contra Kyiv (incluido el centro de la capital) y contra infraestructuras de otras ciudades.
Ucrania, mientras tanto, ha conseguido golpear repetidamente refinerías, centros logísticos y otras instalaciones rusas con drones y armas de largo alcance, obligando incluso al Kremlin a adoptar nuevas medidas para proteger infraestructuras críticas.
La explicación que nadie quiere pensar. Las mismas fuentes citadas por Bloomberg aseguran que entre las posibilidades consideradas por Putin estaría incluso el empleo de armas nucleares tácticas para intentar detener los ataques ucranianos y alterar el curso de la guerra. Eso no significa que Rusia haya decidido utilizarlas: Putin ha recurrido repetidamente a las amenazas nucleares desde 2022 y en ocasiones anteriores países como China e India habrían presionado a Moscú para evitar una escalada de ese calibre.
Pero que esa posibilidad vuelva a aparecer en informaciones procedentes de personas próximas al Kremlin precisamente cuando el jefe de la CIA realiza una visita excepcional a Moscú añade, si cabe, otra capa de gravedad al momento.
El precedente no invita al optimismo. Por su puesto, a esta hora no se conoce públicamente el contenido completo de las conversaciones de Ratcliffe ni puede asegurarse que todos estos escenarios estuvieran sobre la mesa durante su visita. Lo que sí sabemos es que Washington decidió enviar al máximo responsable de la CIA a hablar directamente con la inteligencia rusa en medio de evaluaciones sobre un posible desafío a la OTAN, una guerra híbrida cada vez más agresiva en Europa y rumores de una nueva escalada militar en Ucrania.
La comparación con 2021 no significa que la historia vaya a repetirse, pero contiene una coincidencia cuanto menos incómoda: entonces Washington recurrió a uno de sus canales de inteligencia de más alto nivel porque temía que el Kremlin estuviera a punto de cruzar una línea extraordinariamente peligrosa. Cinco años después, ha vuelto a utilizarlo.
Imagen | U.S. AIR FORCE, Ministry of Defense of Ukraine
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La noticia
La última vez que el jefe de la CIA voló a Moscú, Rusia estaba a punto de invadir Ucrania. Se acaba de repetir, y las razones son aterradoras
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
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