Desde hace más de 175 años, el país ha buscado una forma de llevar agua al árido sertão del nordeste. La solución no ha sido una presa ni un acueducto aislado, sino una gigantesca red hidráulica cuyo símbolo más visible es el Cinturão das Águas do Ceará, un canal artificial diseñado para transportar el agua del río São Francisco hasta algunas de las regiones más castigadas por la falta de lluvias.
Una idea que nació en el siglo XIX. La historia comenzó mucho antes de que existieran las grandes obras de ingeniería modernas. En 1847 ya se planteó por primera vez la posibilidad de desviar parte del caudal del río São Francisco hacia el nordeste brasileño, una región marcada por sequías cíclicas que condicionaban su desarrollo económico y social.
Durante generaciones, la propuesta reapareció una y otra vez en los despachos de distintos gobiernos, pero nunca logró superar las resistencias políticas y el enorme coste que implicaba transformar una idea de esa escala en una realidad.
La promesa que Brasil tardó décadas en cumplir. El proyecto empezó a tomar forma en la década de 2000, cuando el presidente Lula da Silva decidió impulsar definitivamente la transposición del São Francisco. La iniciativa pretendía crear una red de 477 kilómetros de canales, embalses y acueductos para abastecer a millones de personas en Ceará, Paraíba, Pernambuco y Rio Grande do Norte.
Sin embargo, la obra pronto se convirtió en otro ejemplo de las dificultades de las grandes infraestructuras brasileñas: retrasos, sobrecostes, problemas burocráticos, cambios de contratistas y casos de corrupción fueron aplazando una y otra vez su finalización.
La solución: como un río construido por humanos. Dentro de esa inmensa red destaca sobremanera el Cinturão das Águas do Ceará, una infraestructura de 145,3 kilómetros formada por canales de hormigón a cielo abierto, túneles, sifones y grandes conducciones.
El sistema comienza en la presa de Jati, donde recibe el agua procedente de la transposición del São Francisco, y la transporta hasta el río Cariús atravesando el interior del estado. En lugar de seguir un cauce creado por la naturaleza, controla en todo momento el recorrido, el caudal y el destino del agua, convirtiéndose en una especie de río artificial diseñado para vencer la geografía del sertão.
El objetivo nunca fue crear un canal, sino repartir agua donde más falta hace. La misión del Cinturão das Águas no consiste únicamente en mover agua de un punto a otro. Su función es conectar doce cuencas hidrográficas de Ceará para reforzar la seguridad hídrica de una de las zonas más áridas y pobladas del estado.
El diseño aprovecha el desnivel natural del terreno para que buena parte del recorrido funcione por gravedad, reduciendo la necesidad de bombeo, mientras túneles y sifones permiten salvar valles, carreteras y elevaciones sin interrumpir el flujo hacia embalses, ríos y sistemas locales de abastecimiento.
Una obra interminable que empezó a cambiar la realidad. La lentitud de los trabajos alimentó durante años el escepticismo entre quienes llevaban toda la vida oyendo promesas sobre el agua del São Francisco. Aun así, las primeras fases del proyecto comenzaron a producir resultados.
En Paraíba, por ejemplo, el agua ya permitió estabilizar embalses que habían llegado a niveles críticos y aliviar la situación de ciudades que se acercaban a la emergencia hídrica. Aunque el abastecimiento humano sigue teniendo prioridad sobre el uso agrícola, el sistema empezó a demostrar que la infraestructura podía amortiguar los efectos de las grandes sequías.
El río de hormigón no está terminado, pero ya es respuesta. En 2026 el Cinturão das Águas había alcanzado aproximadamente el 92% de ejecución y seguía incorporando nuevos tramos al sistema. El proyecto continúa avanzando mientras algunas cuencas de Ceará disfrutan de embalses llenos y otras siguen sufriendo la irregularidad de las lluvias, un recordatorio de que el problema climático persiste.
Con ello, Brasil no ha conseguido acabar con la sequía del sertão, pero después de casi dos siglos buscando una solución, ha construido una infraestructura capaz de llevar el agua allí donde durante generaciones solo llegaban las promesas.
Imagen | SRH
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Brasil lleva dos siglos buscando una solución para la sequía: su respuesta es un inmenso canal de hormigón kilométrico
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Xataka
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Miguel Jorge
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