Hard Zone : Hardware, Reviews, Noticias, Tutoriales, Foros de ayuda – Análisis de Beast of Reincarnation: la prueba de que Game Freak se pierde cuando le sacas de Pokemon

Game Freak lleva tantos años asociada a Pokémon que resulta complicado enfrentarse a uno de sus juegos sin tener presente el nombre del estudio. Beast of Reincarnation supone un cambio enorme respecto a aquello por lo que conocemos a la compañía japonesa: abandona los combates por turnos, las criaturas coleccionables y la estética colorida para llevarnos hasta un Japón posapocalíptico con una protagonista armada con una katana, monstruos enormes y un sistema de combate basado en ataques rápidos, esquivas y bloqueos perfectos.

El cambio resulta atractivo y durante las primeras horas consigue funcionar muy bien. El mundo llama la atención, la relación entre Emma y Koo introduce una mecánica de combate diferente y enfrentarse por primera vez a algunas de las enormes criaturas que recorren los escenarios deja buenos momentos. Es fácil empezar Beast of Reincarnation pensando que Game Freak ha encontrado algo realmente especial fuera de Pokémon. Pero a medida que pasan las horas, esta sensación empieza a desvanecerse.

Cuantas más horas acumulamos, más evidentes se vuelven sus limitaciones. Los enemigos se repiten, el combate entra en una rutina demasiado cómoda, la dificultad disminuye a medida que desbloqueamos habilidades y la historia no consigue mantener nuestro interés. Incluso aquello que inicialmente parecía darle personalidad empieza a recordarnos demasiado a otros juegos. Hay un poco de Sekiro, algo de hack & slash, trazas de NieR:Automata, sistemas propios de los RPG de acción modernos y una estructura que toma prestadas varias (demasiadas) ideas de los soulslike.

Escena de Beast of Reincarnation donde se aprecia el detalle del pelaje del lobo y la interfaz de usuario en una estancia cerrada. Foto: HardZone.es

El problema no está en utilizar esas referencias. Muchos grandes juegos se han construido mezclando ideas que ya existían. Lo que echamos en falta es que Beast of Reincarnation termine de hacerlas suyas. Tras terminar nuestra partida, nos queda la sensación de haber jugado a un título con buenas ideas y una dirección artística magnífica, pero que intenta abarcar demasiado y no consigue destacar especialmente en casi ninguna de sus facetas.

Historia: un mundo mucho más interesante que lo que ocurre en él

Beast of Reincarnation nos lleva hasta Japón en el año 4026. Han pasado dos mil años desde nuestra época y el país está prácticamente irreconocible. La civilización que conocemos ha desaparecido, la naturaleza ha recuperado buena parte del territorio y una corrupción ha transformado tanto el entorno como a los seres que viven en él.

En este mundo conocemos a Emma, una joven afectada por esta corrupción. Emma viaja junto a Koo, un lobo que también está relacionado con esta extraña corrupción y que tiene un papel fundamental durante toda la aventura. Nuestro viaje terminará llevándonos tras la Beast of Reincarnation, que da nombre al juego, mientras descubrimos qué ocurrió en el pasado y conocemos algo más sobre Emma, Koo y el mundo que los rodea.

Vista detallada del mapa en la Región de Kanto de Beast of Reincarnation, mostrando la Zona de civilización antigua y diversos marcadores de misión. Foto: HardZone.es

La ambientación es probablemente lo que más nos ha interesado de toda esta historia. La región de Kanto (ejem), las ruinas de la antigua civilización, la tecnología abandonada y la naturaleza creciendo alrededor de ella forman un escenario que invita a preguntarnos qué ha sucedido durante esos dos mil años. Encontramos lugares que cuentan pequeñas historias simplemente mediante su diseño y algunas criaturas hacen que nos detengamos durante unos segundos para observarlas.

Precisamente por eso resulta especialmente frustrante que la historia termine pareciéndonos tan aburrida. No es tanto un problema con la idea que intenta contar como con la manera de hacerlo. Hay demasiadas conversaciones que se prolongan más de lo necesario, interrupciones constantes y secuencias que intentan transmitir una importancia que nosotros rara vez hemos sentido. El ritmo tarda mucho en coger velocidad y hay momentos en los que simplemente queríamos volver a jugar en lugar de escuchar otra conversación insulsa y sin alma.

La puesta en escena tampoco ayuda. Algunas animaciones durante los diálogos son rígidas y los personajes secundarios no siempre tienen el desarrollo necesario para que terminemos preocupándonos por ellos. Emma y Koo funcionan mejor gracias al tiempo que pasamos juntos, pero alrededor de ellos encontramos un reparto mucho más irregular. Tanto la historia como buena parte del lore terminan resultando sorprendentemente planos pese al potencial del universo creado por Game Freak, con un exceso de exposición y una gran cantidad de interrupciones narrativas.

Detalle del sistema de gestión de recursos y preparación de alimentos en Beast of Reincarnation, donde se aprecian los ingredientes y la interfaz de usuario. Foto: HardZone.es

Nos parece una oportunidad perdida porque el mundo de Beast of Reincarnation tenía material suficiente para sostener una historia mucho más interesante. Nos ha gustado descubrir nuevos escenarios y conocer detalles de este Japón lejano, pero pocas veces hemos avanzado porque estuviésemos realmente deseando descubrir qué iba a suceder con sus personajes.

Jugabilidad: una mezcla de hack & slash y soulslike que no encuentra una identidad propia

El combate es uno de los elementos que mejor funcionan durante las primeras horas. Emma se mueve con rapidez y podemos atacar con nuestra katana, esquivar y realizar bloqueos perfectos mientras estudiamos los movimientos de los enemigos. Koo participa de una manera diferente: a medida que combatimos, acumulamos los recursos necesarios para activar sus habilidades y, al seleccionarlas, la acción se ralentiza para permitirnos decidir qué técnica utilizar. Esta combinación introduce algo de estrategia dentro de unos enfrentamientos principalmente centrados en nuestros reflejos: tenemos que decidir cuándo atacar, cuándo esperar un golpe para realizar un parry y en qué momento merece la pena utilizar las habilidades de Koo. Al principio funciona especialmente bien porque todavía estamos aprendiendo las reglas y desbloqueando nuevas posibilidades. El problema aparece cuando entendemos cómo funciona realmente el sistema.

Vista del sistema de combate y la interfaz de usuario en una secuencia de acción de Beast of Reincarnation. Foto: HardZone.es

Beast of Reincarnation parece querer ocupar un espacio intermedio entre un hack & slash y un soulslike: tiene los ataques rápidos y la espectacularidad del primero, pero también utiliza parries, puntos de descanso, grandes jefes y otras ideas fácilmente reconocibles del segundo. Incluso podemos encontrar elementos que recuerdan directamente a Sekiro.

Mezclar estos conceptos podría haber dado como resultado una personalidad muy marcada. Nosotros hemos sentido justo lo contrario: el juego toma elementos de varios géneros, pero no profundiza suficientemente en ninguno de ellos, no tiene la libertad y variedad de combos de los mejores hack & slash ni exige la precisión y lectura del enemigo que esperamos de los grandes soulslike.

El combate empieza muy bien, pero termina repitiendo constantemente la misma rutina

Nuestra primera impresión con el combate fue bastante mejor que la que tenemos después de haber jugado durante muchas horas. Aprender a realizar parries, descubrir las habilidades de Koo y encontrar la manera de combinar ambos personajes resulta entretenido. Cuando conseguimos bloquear varios ataques seguidos y responder inmediatamente con una habilidad potente, el sistema proporciona una respuesta muy satisfactoria. Lo malo es que encontramos demasiado pronto una forma eficaz de resolver prácticamente cualquier enfrentamiento.

Menú de gestión de personajes en Beast of Reincarnation, donde se muestran las diferentes ramas de progresión y puntos de habilidad disponibles. Foto: HardZone.es

Esperamos el ataque, hacemos parry, acumulamos recursos, utilizamos una habilidad de Koo y repetimos. Podemos modificar nuestra configuración, desbloquear nuevas técnicas y experimentar con diferentes opciones, pero el propio juego rara vez nos obliga a hacerlo. Una vez encontramos una combinación que funciona, hay pocos motivos para abandonarla.

Interfaz de combate en Beast of Reincarnation donde el protagonista se enfrenta a una bestia en una zona de vegetación densa. Foto: HardZone.es

Las habilidades de Koo parecen ofrecer bastantes posibilidades inicialmente, pero determinadas combinaciones terminan siendo tan efectivas que buena parte de esa variedad pierde sentido. El sistema está rodeado de numerosas capas y mecánicas que aparentan proporcionar mucha más profundidad de la que realmente terminamos necesitando. Esto también afecta al sistema de progresión. Tenemos árboles de habilidades, equipamiento, recursos y distintas formas de mejorar a Emma y Koo. Podemos pasar bastante tiempo estudiando las posibilidades disponibles, aunque nuestra experiencia nos ha demostrado que no hace falta exprimirlas demasiado para avanzar. Por ello, el resultado es un RPG que parece bastante más profundo cuando abrimos sus menús que cuando estamos luchando.

Demasiado fácil y con una curva de dificultad que funciona al revés

No creemos que todos los juegos con parries tengan que intentar convertirse en Sekiro. Tampoco vemos ningún problema en que Game Freak haya querido hacer un RPG de acción accesible para jugadores que normalmente no disfrutan de los soulslike. Beast of Reincarnation ofrece diferentes opciones de dificultad y cada jugador puede escoger cómo quiere afrontar la aventura. Nuestra crítica tiene que ver con la evolución de esa dificultad.

Los primeros enfrentamientos requieren aprender las mecánicas y todavía tenemos pocas herramientas disponibles. Conforme avanzamos, Emma y Koo se vuelven más poderosos, nosotros entendemos mejor el funcionamiento del parry y desbloqueamos habilidades que facilitan muchísimo los combates. El problema es que los enemigos no evolucionan al mismo ritmo. En lugar de encontrarnos progresivamente con rivales que obliguen a utilizar todo lo aprendido, tenemos la sensación de que cada vez contamos con más soluciones para amenazas muy similares.

Captura del sistema de combate y la interfaz de usuario en una de las zonas exteriores de Beast of Reincarnation. Foto: HardZone.es

La ventana del parry también nos ha parecido bastante permisiva. Cuando interiorizamos el ritmo de los ataques resulta relativamente sencillo encadenar varios bloqueos perfectos y utilizar después las habilidades de Koo. Incluso algunos enfrentamientos importantes pueden resolverse sin demasiados problemas una vez hemos aprendido esta rutina.

Buena parte de la dificultad se concentra al principio, y luego, muchos jefes pueden derrotarse al primer intento una vez dominamos los sistemas. Además, la escasa (por no decir nula) penalización por morir y la abundancia de puntos de descanso reducen todavía más la tensión durante la exploración. El problema acaba siendo especialmente evidente durante la segunda mitad, cuando nuestro personaje continúa creciendo, pero nosotros ya conocemos prácticamente todas las respuestas que necesita el juego.

Poca variedad de enemigos y demasiados jefes reciclados

Aquí encontramos uno de los defectos que más perjudican a Beast of Reincarnation a largo plazo: la falta de variedad. Durante las primeras horas no nos molestó demasiado porque cada criatura todavía era nueva y estábamos aprendiendo sus ataques. Conforme avanzamos, empiezan a aparecer enemigos que ya conocemos, variantes demasiado similares y patrones que hemos visto demasiadas veces.

Con los jefes resulta todavía más evidente. Beast of Reincarnation tiene criaturas enormes y visualmente espectaculares que inicialmente parecen prepararnos para enfrentamientos únicos. El problema es que algunos de estos enemigos vuelven a aparecer posteriormente, llegando a encontrar jefes con los que podemos combatir tres, y hasta seis, veces. Cuando reconocemos al enemigo, también conocemos buena parte de la solución. Puede cambiar algún elemento del combate, pero ya sabemos cómo se mueve, qué tipo de ataques utiliza y cuándo debemos reaccionar. Un enfrentamiento que debería representar uno de los grandes momentos de una zona acaba convirtiéndose en algo que sentimos que ya hemos hecho.

Escena de acción en Beast of Reincarnation que muestra el sistema de combate y los elementos visuales de la interfaz durante un enfrentamiento. Foto: HardZone.es

Esto agrava muchísimo la repetición del sistema de combate. Tener unas mecánicas relativamente sencillas podría funcionar si constantemente apareciesen enemigos capaces de obligarnos a utilizarlas de maneras diferentes. Reutilizar rivales provoca exactamente el efecto contrario. Nos habría gustado bastante más una campaña algo más corta, pero con mayor variedad de criaturas y enfrentamientos realmente diferentes.

Explorar tampoco resulta especialmente gratificante

El mundo invita a explorar mucho más de lo que las recompensas terminan justificando. Podemos salirnos del camino, buscar recursos, encontrar materiales y descubrir diferentes elementos repartidos por los escenarios. Koo también nos ayuda constantemente detectando objetos y puntos de interés cercanos. Esta ayuda resulta práctica, aunque tiene una consecuencia inesperada: terminamos explorando siguiendo indicaciones en lugar de observando realmente el escenario.

Después aparece el problema de las recompensas. Como el combate tampoco exige que optimicemos demasiado nuestra configuración, encontrar determinados materiales o piezas de equipamiento pierde parte de su interés. Podemos dedicar tiempo a explorar una zona para conseguir algo que después apenas necesitamos.

Interfaz de Beast of Reincarnation que indica la localización de un nuevo campamento descubierto durante la exploración. Foto: HardZone.es

Esto hace que la exploración se convierta más en una tarea que en una recompensa. Hay escenarios que merece la pena recorrer por su diseño artístico, pero pocas veces hemos sentido esa curiosidad por descubrir qué recompensa habría escondida al final de un camino secundario.

La cámara puede convertir un combate sencillo en uno bastante más complicado

La cámara es otro problema que se vuelve especialmente evidente contra enemigos grandes. En enfrentamientos normales funciona razonablemente bien, pero cuando tenemos una criatura enorme delante, varios rivales alrededor o combatimos cerca de una pared, puede convertirse en nuestro peor enemigo. Hay momentos en los que se aproxima demasiado a Emma, pierde una referencia importante o adopta un ángulo desde el que resulta complicado interpretar el siguiente ataque.

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