Xataka – Mientras AEMET teme la segunda gran ola de calor del año, los meteorólogos avisan de que «tenemos que prepararnos para veranos más duros»

A estas alturas de julio y con otra ola de calor mostrando los dientes desde la semana que viene, ya podemos decir que los bloqueos de latitudes altas están alterando el pronóstico para el verano. Y lo alteran para mal: los meteorólogos dan por descontado ya que la situación va a ser bastante persistente

Los datos son preocupantes, pero como dice la meteoróloga Mercedes Martín que tengamos que «prepararnos para veranos más duros» no significa que «tengamos que resignarnos». 

“Nunca ha habido tanta información disponible como ahora y, sin embargo, no siempre consigue transformar la en la pensamos, sentimos o tomamos decisiones», explicaba a National Geographic España. Y lleva algo de razón «no es para restarle urgencia a la crisis climática, sino para evitar que el mensaje quede atrapado siempre en el mismo tono de alarma». Pero ¿qué significa exactamente eso?

Hay razones para la alarma… Claro que las hay. España se ha calentado alrededor de 1,75 °C desde 1961, aproximadamente el doble que la media global, y el verano avanza peligrosamente hacia los 2 °C. 

Desde 1975 se han registrado 12 olas de calor en junio, y la mitad son de 2015 en adelante: si entre 1975 y 2000 hubo dos, entre 2001 y 2025 huno diez. La supercalima de marzo de 2022 dejó picos de PM10 de 3.070 µg/m³ en el sureste. Es decir, unas 68 veces el límite diario de la OMS. Y, por si fuera poco, el Mediterráneo se calienta a un ritmo especialmente rápido (hasta tres veces más que otras masas de agua).

El problema es que nos acostumbramos muy pronto a esta excepcionalidad. 

Y sí, «problema» es la palabra. Hace mucho que esto dejó de ser algo de 2100. Junio de 2026 ha sido el segundo junio más cálido desde 1961, con una anomalía de 3,2 °C y el sistema MoMo estimó unas 900 muertes atribuibles al calor solo ese mes. En Francia esas cifras han sido mucho peores.

Es decir, no hablamos de proyecciones ni estadísticas: hablamos de gente muriendo cada año. Nuestra incapacidad para traducir los datos climáticos en políticas aceptadas y aceptables cuesta vidas. 

¿Y qué hacemos? Porque, como señala Martín, el tono catastrofista permanente satura, cansa y a veces paraliza más de lo que moviliza. Pero, por el otro lado, bajar el volumen justo cuando los números empeoran (el peor año de incendios en tres décadas, el segundo junio más cálido, cientos de muertes, etc…) puede leerse como restar urgencia.

La respuesta es más sencilla de lo que parece. Porque, queramos o no, el gran problema de la comunicación climática nunca ha sido el dramatismo. Ha sido la enorme brecha entre el saber y el hacer. Aunque hay muchas cosas que podemos intuir, lo cierto es que el cambio climático nos está metiendo en un carril sin precedentes. 

A la dificultad de predecir cualquier cosa relacionada con el tiempo, se le suman estas incertidumbres y generan la sensación de estar haciendo política a ciegas. Pero no es verdad: que Francia tenga salidas de 50 grados para las próximas semanas es exactamente el tipo de cosas que esperaríamos. No se llegará a esa cifra, es verdad: pero en ella está casi todo.

Solo tenemos que darnos cuenta

Imagen | Benbaso – Xataka

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Mientras AEMET teme la segunda gran ola de calor del año, los meteorólogos avisan de que «tenemos que prepararnos para veranos más duros»

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Javier Jiménez

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