Es cuestión de un instante. Vas por la acera, pensando tus cosas, quizás miras el móvil y, de repente, hay algo frente a ti. Da igual si es un bolardo, una persona, un kiosko o un carrito de bebé. Tienes que esquivarlo, tienes que hacerlo ya. Ahora. Y, probablemente, te vas hacia la izquierda.
Y parece que lo has decidido tú, pero esa decisión ya estaba tomada mucho antes de ese paseo por la calle. Hace unos días, un equipo de investigación liderado por la Universidad de Navarra ha demostrado que, al deambular libremente, los peatones tienden a girar en sentido antihorario y que esa tendencia es robusta, transcultural y de origen individual (no un patrón que emerja de la interacción del grupo).
Girar a la izquierda. El equipo demostró que la tendencia a girar a la izquierda se daba en 32 de los 33 experimentos que realizaron. La única excepción fue en un estudio en Japón donde el resultado fue 50 a 50.
Según los autores, el sesgo aparece «casi de inmediato» en torno al 80 % de las personas; cuando se las prueba caminando solas, un 75 % sigue desviándose a la izquierda. Además es algo individual: da igual que la persona camine solo o en mitad de una multitud. El sesgo aparece exactamente igual.
Y esto es lo interesante porque, en el fondo, pone patas arriba lo que creemos saber sobre «dinámica peatonal».
¿Y por qué pasa esto? Esa es la gran pregunta. Los investigadores descartan muchas cosas. No es un producto de la lateralidad manual (de ser diestros o zurdos), la podal o la dominancia ocular. Tampoco hay diferencias ni entre sexos, ni entre culturas. Da igual cómo sea el recinto (si es una explanada a cielo abierto o un patio diminuto lleno de paredes), da igual las maniobras de evitación que usen los peatones y, por supuesto, dan igual las normas sociales aprendidas.
Más aún, si le preguntamos a los peatones para donde creen que deberían moverse, la mayor parte de ellos dicen lo contrario de lo que acaban haciendo.
Lo que no hacen los investigadores es proponer un mecanismo cerrado para explicarlo. O sea, que no lo sabemos.
¿Y para qué sirve? Las implicaciones más importantes para el diseño de espacios. Como explican los autores, aeropuertos, estaciones, museos, centros comerciales o plazas podrían diseñarse a favor del sesgo antihorario.
Como es evidente, no todo el mundo gira siempre a la izquierda. Lo que dicen los autores es que, estadísticamente, la probabilidad de girar hacia la derecha es menor. La lógica es sencilla: si tenemos eso en cuenta, las dinámicas de los espacios públicos pueden ser más fluidas.
Ya sabemos que en evacuaciones o entornos muy pautados otros mecanismos pueden anular el sesgo antihorario. Pero la idea no es esa, es usar el sesgo a favor.
Imagen | Timon Studler
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La noticia
La Universidad de Navarra ha descubierto algo extraño: tendemos a girar hacia la izquierda y no tenemos ni idea de por qué
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Jiménez
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