La Guardia Civil avisa: quien pedalee por la vía de servicio del trasvase Tajo-Segura en La Roda, en Albacete, puede llevarse una multa. La prohibición lleva décadas escrita (y décadas ignorada). Lo nuevo es que la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS), el organismo que gestiona el acueducto, ha pedido aplicarla. Y algunos ciclistas se preguntan si esto es justo, y si no deberían replantear que ciertas vías infrautilizadas fueran, de facto, rutas para ciclistas.
Qué dice la ley. El Dominio Público Hidráulico reserva junto a cualquier cauce una franja de servidumbre de cinco metros pensada como zona de paseo y paso de vehículos oficiales. Pero la pista pegada al canal es otra cosa: infraestructura de mantenimiento, sin barandilla, sobre agua rápida y sin fondo visible. Ese tramo concreto, el que de verdad usan las bicis, queda fuera del uso público salvo que los organismos competentes lo reclasifiquen de forma expresa. Y nadie ha hecho eso en La Roda.
Desde SEPRONA recuerdan las sanciones a ciclistas por circular indebidamente por motas, diques o caminos de servicio no autorizados, que pueden oscilar entre 100 y 600 euros. Pese a los mapas, está prohibido. Y ahí está la grieta: la ley no es uniforme entre cuencas. La Confederación Hidrográfica del Duero declaró en 2017, sobre los pantanos vacíos de Luna y Riaño, que en cualquier cauce público «caminar sobre él o incluso circular con vehículos no pesados, como por ejemplo bicicletas» está permitido, no así con motos y todoterrenos. Esa lectura, aplicada al trasvase de la CHS, dejaría a los ciclistas de La Roda del lado legal. Cada confederación interpreta su propio dominio a su manera: o 100 euros de sanción o una sonrisa. ¿En qué quedamos?
¿Un caso aislado? Al contrario. Pedalibre, asociación ciclista madrileña fundada en 1982 e integrada en ConBici —y críticos con la Guardia Civil cuando corresponde—, documenta desde hace años «episodios en los que muchos ciclistas se ven importunados por agentes de la autoridad, que les paran para exigirles que circulen como si fueran un coche» sin aplicar la norma real.
En el foro Rodadas, relataba un ciclista que la Guardia Civil le dio el alto en una pista paralela a una vía de tren, «considerada vía de servicio» y sancionable; otros usuarios del mismo hilo llevan años rodando por trazados idénticos sin que nadie les diga nada. La norma se aplica según el agente, el día y, dicen, según qué confederación gestione el agua.
La física jugando contra la norma. La alternativa al canal es la A-31 o la N-301: arcén estrecho, camiones a 90, cero margen. Como recordaba este artículo, cada año fallecen decenas de ciclistas y las carreteras comarcales de arcén estrecho son las vías más peligrosas —el último balance oficial de Interior, más reciente y con otra metodología, apenas contabilizó 40 fallecidos en 2025, 8 menos que en 2024—. Sin embargo, el fantasma que recorre a la DGT son los ciclistas fallecidos en 2026, una cifra que ha ido en aumento. Solo en junio, 6.
Pero, como recuerda el artículo citado, hay alternativas: 66.000 km de carreteras locales de tercer orden más 107.000 de caminos rurales; 21 km practicables por municipio de media. La ironía: el trasvase de La Roda es justo ese camino de baja intensidad que ahora se “cierra”. Y elegir el canal no es una travesura, es un terreno agradecido, firme, compacto, sin baches, sin semáforos, apto para gravel de 40 mm o carretera con cubierta ancha. Vamos, el tipo de pista que cualquiera que se haya dejado tres mil euros en bicis reconoce a la legua.
Desde los ’70, el camino entre Villalgordo del Júcar y Fuensanta ha sido ruta habitual de bicis, corredores y bañistas, único punto de agua en la llanura manchega. La propia CHS retiró unas escaleras de acceso al agua y tuvo que devolverlas al comprobar que su ausencia disparaba el peligro. Fue peor el remedio que la enfermedad.
¿Alternativas? Muchas: vías pecuarias, cañadas y coladas cruzan España desde hace siglos, sin relación con la infraestructura que llegue después encima o al lado. Hablamos de una red pública de más de 125.000 kilómetros y 422.000 hectáreas regulada por la Ley 3/1995 de Vías Pecuarias. El problema es el de siempre: dicha ley protege ese paso tradicional no motorizado —y luego están las costumbres de cada región—. Cuando un canal se traza sobre un camino público previo, titularidad hidráulica y derecho de paso conviven, muchas veces malamente, en el mismo metro de tierra. Quizá deberíamos estar hablando de revisiones catastrales.
Estas vías perdieron buena parte de su función original, la trashumancia. Durante siglos permitió el desplazamiento estacional del ganado, con la Mesta como gran estructura organizativa desde 1273. Y del desplazamiento a pie a la sustitución por trenes y camiones. Pero su uso pasa por asumir multifuncionalidad, como sostienen muchos artículos: conectan lo turístico, lo recreativo y lo deportivo, además de conectar núcleos rurales, favorecer el desarrollo económico, conservar biodiversidad y hábitats, actuar como corredores ecológicos y mantener el patrimonio y la cultura pastoril. Yo a veces salgo por caminos que son un cul-de-sac a los puntos limpios, porque por mi zona no hay largos puertos.
Los caminos del Señor. El Canal Imperial de Aragón, 110 kilómetros entre Fontellas (Navarra) y Fuentes de Ebro, funciona como pista de grava sin prohibiciones y es usada a diario por cicloturistas que la llaman «el cuarto río de Zaragoza». El canal de Monegros da nombre a una prueba oficial de gravel, la Grand Gravel Monegros, 126 kilómetros sobre su propia traza.
Madrid contaba con 1.796 vías pecuarias y 4.168 km. La presión urbana y las infraestructuras alteraron estas zonas de tránsito restringiéndolas, de facto y utilidad, a poco más de la mitad. Pues bien, en el sureste de Madrid, Pedalibre lleva décadas señalizando una ruta que enlaza el Canal de Estremera, el Canal del Tajo y el Canal del Jarama sin que la Confederación del Tajo haga nada.
En Extremadura, el tramo del Canal de Orellana entre Acedera y Casas de Don Pedro está incorporado de forma oficial al Camino Natural del Guadiana, ruta estatal catalogada por el Ministerio. Y el Camino Natural del Ebro, el GR-99, aprovecha en varios tramos aragoneses pistas de canales de riego sin que nadie las declare zona prohibida. Seis canales, seis cuencas, seis criterios. La diferencia entre un canal vetado y uno turístico, más que ingeniería de caminos, parece papeleo.
Mirando a Francia. El Canal de Castilla, en Palencia y Valladolid, corre junto al mismo tipo de agua. BIC desde 1991, su pista suma 207 kilómetros en tres ramales, y hay planes en marcha para convertirlo en referente cicloturista nacional al nivel de la Loire à Vélo francesa. El Canal du Midi francés, entre Toulouse y Sète, es Patrimonio de la Humanidad desde 1996 y sostiene una industria entera de cicloturismo, como recoge su propia oficina de turismo.
Y Países Bajos convirtió hace décadas sus canales urbanos en columna vertebral del carril bici. No solo Utrecht o Ámsterdam: hasta Volendam, pueblo de barcos pesqueros, está lleno de bicis. El modelo funciona y deja claro que la llanura manchega podría gozar de los mismos “privilegios”. Los caminos nunca deberían ser muros ni fronteras. Para eso ya están las hitas. Y la bici es un medio de transporte, no un instrumento de tortura.
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La noticia
La Guardia Civil va a empezar a multar a los ciclistas que circulen junto al canal del Tajo-Segura en La Roda
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Isra Fdez
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