Xataka – Jing-Jin-Ji: la megaciudad de la que no has oído hablar está en China y aspira a ser la más grande del mundo

En el mundo hay ciudades grandes, inmensas, enormes y luego otras que son casi un país en sí mismo, como Jing-Jin-Ji, la descomunal conurbación que lleva años tomando forma al norte de China. Y lo de «país» puede tomarse en su sentido más expansivo. Si se cumplen las previsiones lanzadas por sus promotores hace más de una década, la megalópolis acogerá a entre 110 y 130 millones de habitantes, además de un robusto músculo empresarial. Su dimensión también quitará el hipo: se habla de más de 200.000 km2, el doble que todo Portugal.

Quizás suene a ciencia ficción, pero hay una explicación muy sencilla: Jing-Jin-Ji no es una ciudad fundada de cero, sino una nueva forma de entender y organizar Pekín, Tianjin y la provincia de Hebei para dar forma a un titán urbano.

Repensando Pekín. Aunque no llega a los niveles de Tokio, Delhi o incluso Shanghái, Pekín es una de las ciudades más populosas del planeta. Su población estable supera holgadamente los 20 millones de personas, más que toda Rumanía o Países Bajos. Esa descomunal cantidad de gente se mueve a diario para ir a la escuela, el médico y por supuesto a empresas que pueden quedar a varias horas de sus casas. Si a eso le añadimos el rol de Pekín como capital de uno de los mayores potenciales del mundo, el resultado es una megalópolis (casi) impracticable, contaminada y en la que se complican los servicios.

Para afrontar semejante reto y evitar que el éxodo desde el rural acabe colapsando la ciudad, en los últimos años el Gobierno ha recurrido a varias soluciones. Una ha sido limitar la población. Otra, repensar el propio Pekín para que ya no sea solo la capital de China o una metrópoli sin más, sino parte de una conurbación mucho mayor. El objetivo es doble: aliviar la presión sobre la capital e impulsar de paso un nuevo polo industrial, uno capaz de replicar el éxito alcanzado en el delta del río Yangtsé o el área de Cantón y Shenzhen.

Un nuevo gigante: «Jing-Jin-Ji». Con esa premisa, hace una década las autoridades chinas decidieron apostar por el que probablemente sea uno de sus proyectos más ambiciosos: Jing-Jin-ji, una palabra que esconde un guiño a las ciudades de Beijing, Tianjin y Ji, que es como se conoce tradicionalmente a la provincia de Hebei. Esa tarjeta de presentación habla por sí misma idea. La idea es afianzar el vínculo entre esos tres territorios del norte de China, repartiendo parte de la aplastante carga que ahora recae sobre la capital, mejorando las comunicaciones y apostando por un reparto de roles especializados.

La historia de Jing-Jin-Ji puede remontarse como mínimo al Plan Nacional de Nueva Urbanización presentado por el Gobierno para el período 2014-2020. En él, China, una nación habituada ya a las megaciudades, abogaba por el impulso de una decena de «clústeres urbanos». El mayor de todos sería Jing-Jin-Ji, en el que Pekín se abrazaría (en un sentido casi literal) con Tianjin, que es otra de las mayores ciudades del país y las ciudades próximas de la provincia de Hebei.

Algo más que teoría (y política). El proyecto recibió la bendición de Xi JinPing hace justo 12 años, en abril de 2014, y se vendió con un despliegue de datos asombrosos. Su objetivo era ni más ni menos que aglutinar una región de más de 215.000 km2 en la que en 2050 vivirían unos 130 millones de personas, generando de paso un potente polo industrial y comercial. Pudo haberse quedado en simplemente eso, una idea ambiciosa, pero un repaso rápido a la hemeroteca confirma hasta qué punto China estaba decidida a sacarlo adelante.

El año siguiente, en 2015, The New York Times constataba que Jing-Jin-Ji empezaba a hacerse una realidad. Poco después The Guardian informaba de los planes para crear Xiongan, una gran ciudad situada a algo menos de 100 km de Pekín que permitiría articular el entramado urbano de Jing-Jin-Ji. Fue solo una de las medidas para consolidar la nueva megalópolis. La más efectiva de toda fue el refuerzo de las comunicaciones por ferrocarril y carretera. En 2016 de hecho China aprobó un ambicioso plan inversor para construir kilómetros y kilómetros de vías y llegar a mediados de siglo con una veintena de líneas ferroviarias.

¿Se trata slo infraestructura? No. La mejora de las comunicaciones es una pata fundamental de Jing-Jin-Ji, pero no la única. Otra, igual de importante, es el reparto de roles entre las regiones. El planteamiento de partida era simple: Pekín se consolidaría como centro político, cultural y tecnológico mientras Tianjin se afianzaría como puerto exportador y polo manufacturero. En cuanto a Hebei, se apostaba por orientarla también hacia la industria y el comercio mayorista.

De fondo, desliza China Briefing, estaba el deseo de apostar por clústeres industriales centrados en sectores emergentes, como los vehículos eléctricos, la industria biofarmacéutica o la robótica. Para lograr ese reparto, por supuesto, no llegaba con marcar directrices sobre el papel. En 2015 las autoridades pekinesas anunciaron sus planes de reenfocar la capital, sacando del centro urbano ciertos servicios, como mercados mayoristas y oficinas administrativas, y trasladando algunas prestaciones a áreas suburbanas o incluso a la provincia de Hebei.

La importancia de los gestos. Quizás la mejor prueba de hasta qué punto el Gobierno quiere mantener vivo el proyecto es que, cada cierto tiempo, la prensa china publica artículos haciendo un repaso de los avances en la creación de Jing-Jin-Ji. Ocurrió en abril de 2024, coincidiendo con el décimo aniversario de la presentación del plan, y volvió a ocurrir en 2025, cuando CGTN sacó un artículo para dejar claro que el sueño conurbano de Pekín avanza poco a poco.

En su crónica se destaca el aumento de la producción económica de la región, la apertura de nuevos tramos de carretera que permiten recortar tiempos de viaje, el refuerzo del transporte público o la colaboración a nivel económico y a la hora de prestar servicios. La prensa local destaca además que la región «se ha convertido en un centro de innovación» capaz de captar empresas. Por supuesto, también hay desafíos importantes, como conseguir una mayor integración territorial.

Imágenes | Road Trip with Raj (Unsplash) y Flintov Vlad (Unsplash)

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Jing-Jin-Ji: la megaciudad de la que no has oído hablar está en China y aspira a ser la más grande del mundo

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por

Carlos Prego

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