Xataka – España vs. el apagón: las polémicas medidas con las que hemos blindado la red un año después del colapso

El próximo 28 de abril se cumplirá exactamente un año del día en que España y Portugal se fundieron a negro. Un «cero energético» sin precedentes en las últimas dos décadas que dejó a cerca de 60 millones de ciudadanos sin luz, sin internet, sin semáforos y con el sistema bancario paralizado durante hasta 16 horas. Como bien reflexionan en la revista Freen, aquel día descubrimos de golpe que algo que damos por sentado —la electricidad— es la frágil base sobre la que se asienta toda nuestra vida moderna.

A un año del suceso, el shock inicial ha dado paso a los datos. Ya no nos preguntamos solo si un apagón así puede volver a ocurrir, sino cuánto nos está costando evitarlo y si realmente hemos aprendido la lección.

El día D esta a punto de llegar. Doce meses después, por fin tenemos la «autopsia oficial». La Red Europea de Gestores de Redes (ENTSO-E) publicó un exhaustivo informe de 472 páginas donde concluye que no hubo una única causa, sino un «cóctel perfecto» de múltiples factores. Una sobretensión repentina originada en España desencadenó una inestabilidad que el sistema fue incapaz de frenar.

Como ya hemos explicado en Xataka, el falló lo podemos definir como una «ceguera operativa». Las plantas renovables operaban con un factor de potencia fijo; no supieron leer la sobretensión de la red y, por seguridad, se desconectaron de golpe, provocando un efecto rebote. Además, según añade BBC, los controles de voltaje de los generadores locales no estaban del todo alineados con los requisitos del operador. La crisis exigía reflejos de milisegundos, pero el control de la tensión se hacía de forma manual.

De hecho, si Europa no cayó como un castillo de naipes fue por un tecnicismo casi milagroso: un relé en la subestación de Hernani (Gipuzkoa) actuó como un «fusilazo», cortando la conexión con Francia en milisegundos para blindar al continente. Irónicamente, apenas diez minutos después, fue esa misma interconexión la que nos sirvió de respiración asistida para resucitar el sistema.

La gran pregunta: ¿qué ha hecho España diferente? El miedo a un nuevo apagón ha cambiado las reglas del juego, pero a un alto precio para el ciudadano. Red Eléctrica ha impuesto un «modelo reforzado» de operaciones. Esto significa que priorizan la seguridad sobre el coste, manteniendo encendidas centrales de respaldo más caras y estables, como los ciclos combinados de gas. ¿El resultado? Los españoles llevan pagando un sobrecoste de 666 millones de euros en estos once meses solo en los «servicios de ajuste», los cuales se han disparado un 43%.

En el ámbito legislativo, el Gobierno ha aprobado el Real Decreto-ley 7/2026 para agilizar la burocracia mediante las «Zonas de Aceleración Renovable» (ZAR). Sin embargo, advierten los expertos que, al no existir aún un mercado de capacidad estructurado, invertir en los necesarios sistemas de almacenamiento (baterías) sigue siendo un riesgo financiero para los promotores. 

Hay más blindajes en marcha. El colapso no solo nos dejó a oscuras, sino que nos dejó incomunicados, aunque de forma muy desigual. Mientras algunos perdían totalmente la señal, otros lograron mantenerla gracias a los esfuerzos logísticos de algunas operadoras. Para evitar esta lotería de la cobertura, la CNMC ha propuesto que Telefónica, Vodafone y MásOrange ofrezcan un plan de «itinerancia nacional» en caso de emergencia. Si la red de tu operadora cae, tu móvil se conectaría automáticamente a la de la competencia, basándose en el modelo de Suecia. A esto se suma la petición de hacer obligatorio el sistema de alertas (ASA) en coches con radio digital (DAB+), para lanzar avisos a la población de forma inmediata aunque internet esté caído.

El falso culpable y el nuevo devorador de energía. Tras el colapso, muchos se apresuraron a culpar a la energía verde, pero la realidad es otra. Como explican desde Freen, el problema no es que España tenga mucha energía solar y eólica, sino que la red eléctrica sigue anclada en el siglo XX, diseñada para centrales fósiles y no para un sistema descentralizado.

De hecho, España es un laboratorio fascinante. Según EUObserver, el país ha gestionado la reciente crisis de precios provocada por la Tercera Guerra del Golfo mucho mejor que sus vecinos europeos gracias a su enorme escudo solar. Sin embargo, el trauma del apagón ha provocado un efecto secundario absurdo: los operadores tienen tanto miedo a sobrecargar la red que obligan a desconectar parques solares y eólicos con más frecuencia. El «curtailment» (energía limpia generada que se tira a la basura) ha pasado del 2% al 7%. Y por si fuera poco, la red saturada asume la inminente llegada de un nuevo gigante devorador de energía: los masivos centros de datos para Inteligencia Artificial.

El cruce de acusaciones está servido. En los despachos el cortocircuito no ha hecho más que empezar. Como detalla Financial Times, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha abierto investigaciones formales. Red Eléctrica (REE) se enfrenta a expedientes por infracciones «muy graves», mientras que gigantes como Iberdrola, Naturgy, Endesa y Repsol encaran posibles multas de hasta 60 millones de euros por infracciones «graves». Además, según contabiliza Público, hasta una veintena de expedientes sancionadores abiertos. REE se defiende asegurando que la apertura del expediente no prueba su culpabilidad.

Mientras tanto, un informe del Senado impulsado por el PP culpa directamente al Gobierno, a REE y a la CNMC por ignorar vulnerabilidades conocidas, según Reuters. Y la tensión llega al límite: las eléctricas como Endesa e Iberdrola han exigido a un juez acceder a más de 8.000 llamadas y correos de directivos de REE en las horas del apagón, tras la filtración de audios donde los técnicos advertían del peligro 15 días antes.

Un corazón eléctrico que sigue en riesgo. España es «una mina de oro sin carretera», tal y como lo definió Patxi Calleja, directivo de Iberdrola. Tenemos el sol, el viento y la capacidad técnica. Pero la gran lección de este último año es que la verdadera independencia energética ya no se juega a nivel nacional, sino local, donde fábricas y hogares instalan sus propias baterías y paneles híbridos para no depender del frágil sistema central.

Hemos sobrevivido al apagón y hemos evitado otro tirando de billetera y operando a la defensiva. Pero mientras las tramitaciones de líneas duren una década, el almacenamiento masivo siga en un limbo legal y los grandes actores del sector se peleen en los tribunales por audios ocultos y multas millonarias, la red española seguirá operando al borde del infarto. El riesgo de que el corazón eléctrico vuelva a pararse sigue latiendo en la sombra.

Imagen | Victor Romero V.

Xataka | Anatomía de un colapso: cómo un relé en Gipuzkoa salvó a Europa mientras el sistema español moría de éxito


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España vs. el apagón: las polémicas medidas con las que hemos blindado la red un año después del colapso

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Alba Otero

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