Xataka – En Mallorca, dos amigos se han hecho de oro y facturan millones con un producto «innovador»: agua

¿Se puede uno hacer rico vendiendo algo que sale del grifo? «El mayor error es pensar que esto es solo comprar agua y vender agua». Son palabras de Juan Gil, socio junto a Javier Seguí de Font Oasis, la empresa de reparto de agua a domicilio que dirigen desde Palma. En realidad, explica, es un servicio que funciona los 365 días del año y exige planificación constante: rutas, stock y mantenimiento de dispensadores. El transporte es responsable alrededor de tres cuartas partes del precio final de cada botella; aun así, cerraron el último ejercicio moviendo 2 millones de euros de beneficio.

19 litros, 35 usos. Es la pieza clave del negocio. La garrafa de 19 litros es el formato más pedido, el que mejor combina rotación y margen. La rentabilidad neta por unidad oscila entre el 5% y el 25% según cliente y ruta. El impuesto especial sobre el plástico, en vigor desde 2023, encarece cada envase no reutilizable que fabrican o importan. Según sus cálculos, cada garrafa de estas sustituye a unas 13 botellas de plástico de litro y medio, y aguanta entre 30 y 35 rellenados antes de jubilarse. El enfoque ahora orbita en hogares con niños, mayores que no pueden cargar peso, o gente con dietas especiales que necesita un agua concreta.

Ese pequeño negocio flota encima de una industria nacional que mueve cifras de otro orden. El sector español del agua envasada facturó 1.950 millones de euros en 2025, un 4,8% más que el año anterior, según el Observatorio Sectorial DBK, con 6.850 millones de litros producidos en unas 120 plantas y más de 30.000 empleos directos e indirectos. Casi la mitad de esas plantas están en municipios de menos de 2.000 habitantes, como contábamos ayer: el agua mineral mantiene con vida a pueblos que de otro modo se vaciarían. Cada español bebe de media 139 litros al año, según Aneabe, casi la mitad de todo lo que bebemos en volumen.

Agua va, y gratis. La bendita Ley 7/2022 impone a bares y restaurantes a ofrecer siempre agua del grifo gratis, sin cobrar ni por el vaso ni por el hielo, con el objetivo explícito de frenar el plástico de un solo uso. En su día, la patronal del sector protestó calificando la medida de banalización sin justificación medioambiental. Bueno, de hecho sí hay justificación.

Cuatro años después, el consumo de agua envasada no ha bajado, ha crecido. El pico histórico llegó en 2022, con casi 8.700 millones de litros producidos. Pero los datos dejan claro que esa obligación convive, sin ninguna contradicción legal, con el derecho a seguir vendiendo botellas al lado.

Un mercado que no hace aguas. El mercado mundial del agua embotellada rondó entre 250.000 y 380.000 millones de dólares en 2025, según distintas consultoras, con Asia-Pacífico acaparando casi la mitad del negocio y una tasa de crecimiento anual cercana al 6%. Va viento en popa. Solo el segmento premium —la más contaminante, de diseño, con botellas de cristal y acceso a manantiales exclusivos— mueve 41.200 millones de dólares, casi veinte veces la facturación de todo el sector español junto. Danone, propietaria de Font Vella y Lanjarón, explota manantiales en ocho países y factura más de 200 millones.

Nestlé, en 2025, facturó 3.548 millones de francos suizos y obtuvo un beneficio operativo subyacente (UTOP por sus siglas en inglés) de 322 millones de francos. En 2026 todavía no hay datos consolidados pero en el primer semestre facturó 1.781 millones de CHF y obtuvo 168 millones de CHF de UTOP, frente a un margen del 9,5% —un margen mejor que el 9,1% de 2025—.

Especular con agua. Conviene recordar que, desde diciembre de 2020, el índice Nasdaq Veles California Water permite comprar y vender futuros sobre los derechos de agua de los cinco mercados hídricos más grandes de California, con contratos de 10 acres-pie —unos 12,3 millones de litros— que llegaron a cotizar por encima de los 500 dólares cada uno.

El inversor Michael Burry, el mismo que anticipó la crisis de 2008, lleva años comprando explotaciones agrícolas por sus reservas de agua subterránea, convencido de que será el activo del siglo: su tesis, resumida, es que cultivar alimentos donde sobra agua y venderlos donde escasea es la forma menos polémica de exportar el propio recurso. En 2020, el relator especial de la ONU sobre agua potable calificó la llegada de esos futuros como una amenaza directa al agua como derecho humano básico.

Entre ese extremo y las rutas diarias de Font Oasis por Mallorca hay una distancia enorme. Este negocio familiar lleva veinticuatro años de rodaje. Si rellenando 35 veces una botella de 18,9 litros sustituyes casi 400 botellas de 1,5 litros y, encima, te ahorras un buen pico, podemos seguir hablando de sostenibilidad. Dijo el expresidente de Nestlé Peter Brabeck-Letmathe que no deberíamos considerar el agua un derecho humano «absoluto». Las Naciones Unidas dicen lo contrario. Los debates sobre si el agua debería ser un instrumento financiero no van a terminar, pero está claro que hay muchas áreas del planeta donde el agua sigue sin llegar. Y existen tantos precios como formas de venderla.

Imágenes | Archivo de FontOasis / Facebook personal de Juan Gil

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En Mallorca, dos amigos se han hecho de oro y facturan millones con un producto «innovador»: agua

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Isra Fdez

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