Si eres una de las 20 millones de personas que practican squash en el mundo tienes una deuda con los británicos arruinados del siglo XVIII. El motivo es muy sencillo: hace varios siglos los recluidos en la prisión de Fleet (Londres) por sus deudas idearon un juego para matar el tiempo que se practicaba con una pelota, raqueta y pared. Con el tiempo aquel pasatiempo, «rackets», fue popularizándose y derivó en una versión algo más sofisticada (y prestigiosa) entre los escolares de Harrow School que sentó las bases de lo que hoy conocemos como squash.
Todo gracias a londinenses asfixiados por las facturas.
El placer de golpear una pelota. Quizás no lo hicieran como Alcaraz, pero nuestros ancestros ya disfrutaban del placer de golpear pelotas con efecto. De hecho lo hacían antes incluso de que los holandeses inventaran la raqueta en el siglo XV. Sabemos que hace casi un milenio los niños franceses se entretenían con el jeu de paume, un juego que consistía en arrojar pelotas de cuero o tela rellenas de serrín contra los muros, y que los monjes se entretenían también de una forma similar en los claustros, a veces golpeando la pelota con ramas.
Con el tiempo el juego fue refinándose hasta derivar en el tenis, un deporte que caló en Gran Bretaña y no tardó en fascinar a los Tudor. Se dice que Enrique VIII (1481-1547) mandó construir canchas en todos sus palacios. También que hacia el 1600 en París podían encontrarse al menos 250 canchas.
El éxito del juego no solo se medía por su popularidad en la corte o el número de pistas. El antiguo jeu de paume también derivó en diferentes juegos, con estilos y normas propios, como el fives, o ya mucho más adelante el ráquetbol.
Deportistas entre rejas. A comienzos del siglo XVIII el amor por el tenis enraizó incluso en Fleet, una antigua cárcel londinense. Hartos quizás de ver pasar las horas entre muros y rejas, sus reclusos crearon su propia versión del fives, una bastante simplificada y que se jugaba con lo tenían a mano en presidio: una pequeña pelota (similar a las que se usan en golf) de tela enrollada y una raqueta. El juego acabó conociéndose como ‘racquets’ o «rackets» y su dinámica era simple. Los jugadores se dedicaban a golpear la pelota contra una pared.
Una cárcel especial. Quizás suene extraño, pero lo cierto es que Fleet no era una prisión cualquiera. Y no solo por su antigüedad, que puede remontarse al siglo XII. En sus celdas no dormían asesinos, violadores y ladrones. No al menos en el siglo XVIII, cuando la prisión estaba reservada para la gente condenada por sus deudas o haber cometido desacato frente a ciertos tribunales.
En la década de 1770 John Howard, un filántropo que escribió el tratado ‘Estado de las prisiones en Inglaterra y Gales’, visitó Fleet y nos dejó esta instantánea sobre la vida entre sus muros: «Los prisioneros juegan en el patio a los bolos, el mississippi, el fives, el tenis… Y no solo los prisioneros. Vi entre ellos a varios carniceros y otros del mercado, que son admitidos como en otra taberna».
¿Por qué es tan importante? Porque el ‘racquet’, el juego que tan bien había funcionado en Fleet o King Bench, no tardó en extenderse por toda Gran Bretaña. Lejos de verse como un deporte estigmatizado, propio de prisioneros y hombres arruinados, empezó a practicarse en los patios de tabernas y callejones. Incluso se construyeron canchas especiales. La afición se extendió tanto que sabemos que en 1830 la Royal Artillery levantó en Woolwich una pista cubierta para que sus soldados pudiesen echar partidas incluso los días de temporal.
Y llegó la Harrow School. Uno de los lugares en los que caló el racquet y fives fue Harrow School, un prestigioso internado fundado en el siglo XVI en el distrito londinense de Harrow, al noroeste de la ciudad. Fue allí donde acabaría de cuajar lo que hoy conocemos como squash. Sus alumnos solían jugar en el patio exterior del edificio principal, un rincón con paredes laterales y un muro frontal, aunque no tardaron en adaptar las normas a sus gustos. Por ejemplo, sustituyeron las rígidas pelotas que se usaban hasta ese momento por otras de caucho.
No fue un detalle menor. Las nuevas pelotas, huecas y más grandes, influyeron en la dinámica del juego, su ritmo… y abrieron las puertas al «squash».
Un deporte con gancho. «Al principio el squash era un deporte exclusivo de Harrow. Al igual que otros colegios privados con sus deportes particulares, solo existía en su escuela», explican desde la Federación Internacional de Squash.
Eso no tardó en cambiar. A medida que se iban de vacaciones, con sus pelotas y raquetas, o sencillamente se graduaban y abandonaban el internado, los alumnos de Harrow expandieron su afición por el squash por el resto del país. Con el tiempo otras escuelas y organizaciones británicas acabaron haciendo suyo aquel juego ideado entre los muros de Harrow y el patio de un antiguo presidio.
¿Cuál fue el papel real de Fleet? Algunos autores, como J.R. Atkins, consideran que en realidad el racquets y el tenis se parecen tanto que «es imposible separarlos históricamente», lo que restaría peso al papel de Feels.
En cualquier caso, la mayoría de relatos coincide en que la prisión británica jugó un papel relevante en el desarrollo del juego y ayudó a que se popularizara en las tabernas y otros locales del país. El desarrollo final del juego (y su respetabilidad) fue mérito de Harrow School, pero aún así la aportación de los presidiarios de Feel la reconocen por ejemplo World Squash, la Universidad de Oxford o el COI.
«En algún momento a principios del XIX la obsesión por las raquetas y pelotas dio lugar a otra variante de este deporte en un lugar tan insólito como la prisión de Fleet», explica Ted Wallbutton, de la World Squash Federation (WSF).
«Los presos de Fleet, en su mayoría deudores, hacían ejercicio golpeando una pelota contra las paredes, que eran muchas, con raquetas. Así comenzó el juego de ‘Rackets’. Por algún extraño camino llevaron a Harrow y a otras selectas escuelas inglesas hacia 1820, y fue a partir de ahí que se desarrolló nuestro propio deporte, el squash o raquetas de squash».
Una relación no tan extraña. Aunque quizás suene raro que una cárcel se cuele en una crónica deportiva, el squash no la única disciplina en la que se da esa peculiaridad. Uno de los casos más conocidos (quizás el más famosos de todos) es el pilates, el método de entrenamiento desarrollado por Joseph Pilates mientras permanecía cautivo durante la Primera Guerra Mundial.
La poleana o incluso el desarrollo de las cintas de correr que hoy vemos en los gimnasios de todo el planeta también le deben bastante a las prisiones.
Imágenes | Wikipedia 1, 2 y 3 y Dennis Schmidt (Unsplash)
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La noticia
En el mundo hay millones de jugadores de squash. Sin saberlo, tienen una deuda con una cárcel londinense del siglo XVIII
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Carlos Prego
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