Xataka – El poder energético ya no está en encontrar nuevos yacimientos, sino en tener dónde almacenarlos y cómo transportarlos

En un mercado energético cada vez más incierto, el poder está cambiando de manos. Si hace unos años la verdadera lucha sobre la energía giraba en torno a quién la tenía, ahora el verdadero poder reside en aquellos que son capaces de almacenarla y distribuirla. Como cuenta Marc Español en El País, no hace tanto que en el Mediterráneo oriental se libraba una contienda sobre los yacimientos de gas natural de la zona. La competencia geopolítica entre países como Chipre, Grecia, Turquía, Egipto o Libia hizo que los roces fueran evidentes a la hora de delimitar la soberanía de los ricos yacimientos submarinos.

Ahora, el tablero ha cambiado. Lo decisivo hoy es tener la infraestructura necesaria para almacenar los recursos, transformarlos y llevarlos hasta el mercado.

La importancia del gas. Según el último informe de la AIE, los riesgos geopolíticos y los cambios estructurales hacen que los mercados del gas sean cada vez más complejos y expuestos a la volatilidad. El estudio insta a los países a mejorar la seguridad del suministro con varias recomendaciones, entre las que se encuentran fortalecer la infraestructura y combinar varios medios de reservas físicas.

Y si algo han demostrado los últimos años es que esa infraestructura es ahora vital. Español explica que, más allá de quién controla los yacimientos, el negocio ahora mismo está en servicios y procesos como la licuefacción y la regasificación, el almacenamiento, y el transporte marítimo y las rutas del mercado. Quien controla esta infraestructura para exportar cuenta con una enorme ventaja sobre el resto.

Egipto, a la cabeza. Esa ventaja es el caso de algunos países mediterráneos que ya están operando en el centro del mercado. Por un lado, Egipto está buscando consolidarse como el nodo de gas natural licuado (GNL) indispensable del Mediterráneo oriental. Tras varios años de caída en la producción de su yacimiento Zohr, Egipto quiere erigirse como líder gasífero gracias a dos plantas de licuefacción, las dos únicas de la zona, diseñadas para exportar GNL a gran escala. Si algún otro país quisiera hacerle la competencia y replicar estas instalaciones, las estimaciones indican que tardaría cerca de 10 años en levantarlas y una inversión mastodóntica de entre 6.000 y 10.000 millones de dólares. 

El país africano también ha contratado en los últimos años buques de almacenamiento y regasificación y, a los acuerdos con Jordania e Israel, hay que sumarles algunos más recientes como el del yacimiento de gas Cronos ubicado en las costas de Chipre, con una producción estimada de unas 2,8 millones de toneladas métricas de GNL al año.

Turquía, en una posición privilegiada. El país turco es un enclave estratégico entre Europa, Oriente Próximo y Rusia y con el gas no iba a ser menos. Aunque dice el diario El País que su apuesta por el GNL es más amplia “con una amplia cartera de proveedores, mayores flujos por gasoducto y producción local”, a Turquía no le faltan tampoco acuerdos de suministro de GNL, como por ejemplo, con Azerbaiyán. Sus cinco terminales de regasificación (dos en tierra y tres buques) y sus propias reservas en el mar Negro le permiten reducir su dependencia de países en situación de guerra como Irán, cuyo mayor yacimiento recibió un ataque israelí el pasado mes de marzo.

El refino de petróleo, otro reto. El gas no está solo en esta batalla. A pesar de que EE.UU. está extrayendo una producción récord de crudo, los precios del diésel y de otros derivados están en máximos históricos, como explica El Periódico de la Energía. ¿El motivo? Al igual que el GNL, no solo hace falta extraer petróleo: hay que refinarlo, y en eso está el quid de la cuestión. De acuerdo con el último medio citado, no existe capacidad industrial suficiente para convertir el crudo en carburantes como el queroseno o el diésel. La industria del país estadounidense (principal exportador del mundo) ha preferido centrarse en la extracción antes que en el refinamiento por diversos factores y hoy el del crudo es un mercado mucho más sensible a cualquier incidencia.

Un efecto dominó hasta nuestra cartera. Todo esto acaba llegando al bolsillo del consumidor. En España ya hemos visto recientemente cómo el fuerte encarecimiento de los carburantes ha empujado la inflación al 4,3% este verano. Además, en cuanto al GNL, en los meses estivales hemos tenido que echar mano de nuestras reservas, cuando normalmente se aprovechan estas fechas para rellenarlas antes de la llegada del invierno.

Imagen | Chris Pagan

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El poder energético ya no está en encontrar nuevos yacimientos, sino en tener dónde almacenarlos y cómo transportarlos

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Alexandra Ramírez

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