Xataka – El asteroide aniquiló a los dinosaurios, los hongos remataron el trabajo: la teoría que explica el triunfo de los mamíferos

La historia de la extinción de los dinosaurios no es un misterio para nadie. Hace unos 66 millones de años, un colosal asteroide impactó en Chicxulub (México), sumiendo al planeta en una oscuridad casi total, provocando un invierno global y fulminando a los grandes reptiles. Sin embargo, esta catástrofe ha generado una pregunta: ¿por qué los pequeños mamíferos lograron sobrevivir y ‘heredar’ la Tierra, mientras que casi todos los dinosaurios murieron?

El factor común. La ciencia lleva décadas buscando el factor X que dio a nuestros antepasados peludos la ventaja definitiva. Y una de las teorías más importantes no apunta al tamaño o a la dieta, sino a los hongos, y se llama hipótesis FIMS, un marco teórico impulsado por un microbiólogo que está cobrando mucha fuerza. 

La teoría. Para entenderla, tenemos que imaginar cómo quedó la Tierra inmediatamente después del impacto del meteorito. Aquí la inmensa nube de ceniza y polvo bloqueó la luz solar, y sin fotosíntesis los bosques colapsaron y el planeta se cubrió de material vegetal y animal en descomposición, por lo que era el paraíso para todos los hongos. 

Aquí los registros de palinomorfos, que son fósiles de esporas y polen, confirman lo que los científicos llaman el «pico fúngico». Aquí las investigaciones previas apuntaban a que justo en la frontera entre el Cretácico y el Paleógeno hay una fina capa geológica dominada casi exclusivamente por esporas de hongos, una señal inequívoca de la deforestación global. 

La prueba definitiva. Un estudio publicado este mismo año han analizado a fondo la cuenca de Denver, en Norteamérica, y han visto que sus resultados no solo documentan una masiva proliferación de hongos inmediatamente posterior al impacto de Chicxulub, sino que también detectan otro pico de hongos previo, provocado por las intensas erupciones volcánicas de las Traps del Decán.

La temperatura perfecta. Si el mundo estaba plagado de esporas de hongos devorando materia muerta, ¿cómo lograron los mamíferos no ser consumidos vivos por las infecciones? Aquí es donde la hipótesis FIMS brilla con luz propia, vinculando los hongos con un superpoder evolutivo como es la endotermia.

A diferencia de los dinosaurios no avianos, que dependían en gran medida de la temperatura ambiental o tenían metabolismos intermedios, los mamíferos eran de sangre caliente. En 2009, Casadevall demostró mediante el análisis de casi 5.000 cepas de hongos que la inmensa mayoría de estos organismos no puede prosperar a altas temperaturas y por cada grado centígrado que sube el termómetro entre los 30 °C y los 40 °C, se excluye a un 6% de las especies de hongos.

El costo a pagar. Ser de sangre caliente es carísimo a nivel metabólico; sin embargo, un modelo biológico publicado en mBio en 2010 por Bergman y Casadevall apuntó a que una temperatura corporal de alrededor de 37 °C es matemáticamente el punto de equilibrio óptimo. Es lo suficientemente caliente para repeler a casi todos los patógenos fúngicos, pero no tan alta como para morir de inanición por el gasto energético.

De esta manera, cuando el cielo se oscureció y las temperaturas globales cayeron en picado, los enormes dinosaurios se enfriaron. Con sus sistemas inmunológicos deprimidos y sus cuerpos fríos, se convirtieron en incubadoras perfectas en un aire saturado de esporas y nuestros ancestros mamíferos, en cambio, mantuvieron su «escudo térmico» encendido.

Un dinosaurio. Una de las grandes preguntas era si los dinosaurios realmente eran susceptibles a infecciones por hongos. La confirmación llegó de la mano de un fósil del Jurásico tardío conocido cariñosamente como «Dolly». Aquí un equipo de paleontólogos registró por primera vez una infección respiratoria en un dinosaurio no aviano. 

Dolly, un gran saurópodo, presentaba severas lesiones óseas en sus vértebras cervicales, justo donde se anclaban sus sacos aéreos. Los signos eran virtualmente idénticos a la aerosaculitis que sufren las aves modernas cuando contraen infecciones como la aspergilosis, una enfermedad causada por hongos. De esta manera, el caso de Dolly nos demuestra que los dinosaurios, con sus complejos sistemas respiratorios, eran vulnerables a los patógenos que estaban en el ambiente. Si un saurópodo en condiciones climáticas normales podía sucumbir a una neumonía fúngica o bacteriana, es fácil imaginar el destino de toda una especie respirando en una atmósfera tóxica colapsada por esporas.

Una lección. La hipótesis FIMS reescribe la historia de nuestra supervivencia, puesto que los mamíferos no solo heredamos la Tierra porque éramos pequeños y podíamos escondernos en madrigueras; la ganamos porque nuestra fiebre constante nos inmunizó frente al apocalipsis del compost que devoró el Cretácico.

Imágenes | Stephen Leonardi

En Xataka | Pensábamos que los dinosaurios estaban al borde de la extinción antes del meteorito. Nos equivocábamos


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El asteroide aniquiló a los dinosaurios, los hongos remataron el trabajo: la teoría que explica el triunfo de los mamíferos

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José A. Lizana

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