Xataka – Colombia barajaba sacrificar a los 80 hipopótamos de Pablo Escobar. Un multimillonario indio ha dicho que se los lleva

Hay una historia que parece sacada de una novela de García Márquez pero que es completamente real: en Colombia viven, libres y en plena naturaleza, más de 160 hipopótamos. No es que la evolución los trajera hasta ese rincón del mundo. De hecho, ni deberían estar ahí, pero llevan décadas siendo uno de los mayores dolores de cabeza medioambientales del país. El origen de todo está en el exótico capricho del narcotraficante Pablo Escobar.

El sacrificio. Lo que empezó como una extravagancia de millonario, se ha convertido en serio problema ya que se trata de una especie invasora de 4.500 kilos y sin depredadores locales. Colombia lleva años sin encontrar solución para los nuevos «okupas» fluviales, pero ha decidido tomar medidas drásticas contra el crecimiento descontrolado de los hipopótamos a miles de kilómetros de su lugar de origen: sacrificar a la mitad de la población actual de hipopótamos.

Sin embargo, justo cuando el gobierno se disponía a poner en marcha su plan, otro millonario ha tomado cartas en el asunto y ha ofrecido llevarse 80 de estos animales a un santuario en India.

¿Qué hace un hipopótamo en Colombia? En los años 80, el líder del cartel de Medellín, Pablo Escobar, compró cuatro hipopótamos (un macho y tres hembras) a un zoológico de EEUU para incorporarlos al zoo privado que se estaba montando en la Hacienda Nápoles, su inmensa finca en Colombia. Tras la muerte del capo del narcotráfico en 1993, nadie supo qué hacer con ellos.

Trasladar a unos animales que no tienen fama de ser muy sociables y con un peso de hasta 4.500 kilos cada uno, no era una tarea sencilla. Ante la desidia de las autoridades locales y el abandono de la residencia del capo de la droga, los cuatro animales escaparon y se adentraron en la cuenca del río Magdalena, donde encontraron su nuevo hogar en libertad. De hecho, se aclimataron tan bien que hoy, casi 40 años después de su llegada a Colombia, todavía conviven sin control con especies endémicas que no están preparadas para su presencia.

Una población que no para de crecer. El problema de haberse adaptado tan bien a la vida en libertad es que lo que comenzó con apenas cuatro hipopótamos, se ha descontrolado. Sin depredadores naturales, su reproducción se ha disparado. Según un estudio publicado en la Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en 2024, la población crece a un ritmo de entre el 8% y el 9% anual.

Hoy se estima que hay una población de entre 169 y 181 hipopótamos distribuidos hasta en siete grupos en Colombia y se calcula que, sin intervención humana, para 2040 podrían superar los 1.500 ejemplares si no se toman medidas.

Han encontrado el paraíso para hipopótamos. Colombia les ofrece a los hipopótamos algo que en África escasea: estabilidad en los niveles de los cauces de sus ríos. 

En la cuenca del río Magdalena hay agua suficiente incluso en épocas de sequía, por lo que los orondos animales pueden hacer lo que más les gusta durante todo el año: pasar cerca de 20 horas al día sumergidos. Además, la ribera del río les proporcionan hasta 35 kilos de pasto diarios. Es lo más cerca del paraíso que ha encontrado esta especie. Pero no es su lugar.

Un problema ecológico de primera magnitud. Lo que más preocupa a las autoridades y conservacionistas no es sólo el creciente número de hipopótamos en las aguas del Magdalena, sino el impacto que esta especie invasora está generando en ese ecosistema y en las especies autóctonas.

Colombia alberga prácticamente el 10% de la biodiversidad del planeta y, según un estudio de la Universidad de California en San Diego (UCSD) publicado en la revista científica Ecology, los hipopótamos están poniendo en peligro la supervivencia de manatíes, nutrias, carpinchos y peces endémicos del Magdalena.

Dado el peso, el volumen y el apetito de estos animales, se está alterando la estructura del terreno y sus heces en el agua desencadenan un proceso de eutrofización que favorece la proliferación de algas dañinas para la fauna fluvial. Colombia los declaró oficialmente especie invasora en 2022, siendo infructuosos todos los intentos de control de su población mediante esterilización y castración química.

Desesperados por no encontrar una solución frente a la especie invasora más grande del planeta, en abril de 2026, el gobierno anunció que incluiría el sacrificio de ejemplares entre sus medidas, generando un intenso debate ético internacional.

La oferta de Anant Ambani. Ahí es donde entra en juego Anant Ambani, hijo de Mukesh Ambani, el hombre más rico de Asia, conocido también por celebrar en 2024 una boda que costó alrededor de 600 millones de dólares.

Ambani es además un activista por la protección animal y fundó Vantara, un santuario en Gujarat (India) que acoge a cientos de especies rescatadas de todo el mundo. Al conocer la noticia de fatal destino de los conocidos como «hipopótamos de la cocaína» se ha puesto en contacto con las autoridades colombianas para ofrecer asilo en Vantara a 80 de los hipopótamos destinados al sacrificio.

El gobierno colombiano aún no se ha pronunciado oficialmente, pero no se espera que rechace la oferta del millonario con tal resolver parte su problema con las «mascotas» de Pablo Escobar.

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Imagen | Unsplash (Sachin Mittal), Wikimedia Commons (Registro Nacional de Colombia)


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Colombia barajaba sacrificar a los 80 hipopótamos de Pablo Escobar. Un multimillonario indio ha dicho que se los lleva

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Rubén Andrés

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