Cuando el estrecho de Ormuz quedó prácticamente sellado tras el estallido de la ya conocida Tercera Guerra del Golfo, el mundo contuvo el aliento. En medio de un pánico generalizado por el estrangulamiento de una de las arterias energéticas más vitales del planeta, el primer gran movimiento tectónico vino de Pekín. El gigante asiático optó por el pragmatismo más crudo: ordenó a sus grandes refinerías detener de forma inmediata y opaca las exportaciones de gasolina y diésel para blindar sus propios tanques. China se aislaba para sobrevivir.
Sin embargo, en apenas unas semanas, el tablero ha dado un giro inesperado. Con una Asia que se asoma al abismo del desabastecimiento, Pekín ha decidido reabrir la válvula, pasando de ser un actor proteccionista a erigirse como el gran salvavidas energético de la región.
El salvador de Asia: China. La onda expansiva de la guerra ha dejado a la región del Indo-Pacífico tiritando. Asia se ha convertido en la «zona cero» de la crisis. En Australia, el pánico ha vaciado las gasolineras, obligando al gobierno a recortar impuestos de emergencia; India ha tenido que sacrificar ingresos fiscales para congelar los precios ante el desabastecimiento; Japón se ha negado a compartir sus reservas estratégicas con sus vecinos; y aerolíneas de Vietnam han tenido que cancelar de forma masiva sus vuelos por la falta y el sobrecoste del combustible de aviación.
En medio de esta desesperación, China ha hecho su movimiento. Tal y como adelanta Bloomberg, Pekín ha dado luz verde a sus refinerías estatales para exportar 500.000 toneladas de combustibles (gasolina, diésel y queroseno) durante el próximo mes. Según fuentes citadas por Oilprice, empresas como Sinopec y China National Petroleum Corporation (CNPC) ya tienen cargamentos listos en buques que irán destinados, a modo de rescate, a naciones vecinas severamente castigadas como Vietnam y Laos.
El cuenco de arroz energético. Que China pueda permitirse exportar combustible mientras el resto del continente aplica medidas de racionamiento no es un milagro, es el resultado de una estrategia silenciosa. China aprovechó los años anteriores para comprar crudo fuertemente sancionado y barato (ruso, venezolano e iraní), logrando acumular unas reservas colosales de casi 1.400 millones de barriles. Según el investigador Henry Tugendhat, esto le otorga a Pekín un colchón de unos 104 días de demanda interna, además de contar con un «almacén flotante» de petroleros iraníes anclados frente a sus costas esperando ser descargados.
Volviendo al «Juego de Tronos». Pero la jugada de Pekín va mucho más allá de socorrer a sus vecinos; es un desafío geopolítico directo. Como detalla South China Morning Post (SCMP), China ha activado por primera vez sus llamadas «Reglas de Bloqueo» de 2021. El Ministerio de Comercio chino ha emitido una orden oficial prohibiendo a las empresas nacionales cumplir con las sanciones impuestas recientemente por Estados Unidos.
Washington había sancionado a cinco refinerías independientes chinas (conocidas como «teteras»), entre ellas Hengli Petrochemical, acusándolas de financiar al ejército iraní mediante la compra de su petróleo. Al ordenar el desacato de estas sanciones por considerarlas una «aplicación extraterritorial indebida», Pekín demuestra que no solo tiene el control físico del crudo, sino que está dispuesta a un enfrentamiento legal y financiero con EEUU para proteger sus líneas de suministro.
La diplomacia de la cuerda floja. El escenario a corto plazo se jugará en los despachos. Como explica The New York Times, China está jugando a dos bandas en este conflicto. Por un lado, ejerce como mediador pacífico, empujando a Irán a negociar para desescalar la tensión, habiendo sido clave en los frágiles altos el fuego temporales. Sin embargo, por otro lado, agencias de inteligencia estadounidenses sospechan que empresas chinas siguen exportando material de doble uso e incluso tecnología militar a Teherán.
Todo esto está meticulosamente calculado de cara a la inminente cumbre del 14 de mayo en Pekín entre Xi Jinping y el presidente estadounidense Donald Trump. Según los analistas consultados por el medio neoyorquino, el hecho de que EEUU esté empantanado en Oriente Medio y gastando rápidamente sus recursos militares, le otorga a China una posición de tremenda fortaleza para negociar sobre aranceles, comercio y el bloqueo naval estadounidense.
La energía como el arma definitiva del siglo XXI. La crisis del estrecho de Ormuz ha funcionado como una prueba de estrés para la globalización energética. Las sanciones redactadas en Washington intentan asfixiar financieramente a los actores del conflicto, pero la tiranía de la infraestructura física impone sus propias reglas.
China ha demostrado que las guerras de la energía en esta década no solo se deciden con despliegues navales, sino con almacenes repletos de reservas estratégicas, independencia en la capacidad de refino y el dominio apabullante en la manufactura de energías renovables. Al reabrir su grifo exportador, Pekín manda un mensaje claro al mundo: mientras Occidente hiperventila por el precio del barril, China es quien tiene la capacidad de decidir quién se queda a oscuras en Asia.
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La noticia
China cerró el grifo del petróleo cuando estalló el conflicto con Irán. Ahora lo reabre para rescatar a una Asia sedienta
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Xataka
por
Alba Otero
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