Xataka – Aragón no solo ha perdido 10.000 hectáreas calcinadas en el incendio de Riglos: también San Juan de la Peña

Era uno de mis lugares favoritos de toda España. Y digo era porque ahora mismo está carbonizado. El fuego arrancó el lunes 10 de agosto, en una campa junto a las obras de la A-132, cerca de Santa María de la Peña. De unas pocas hectáreas, el jueves ya sumaba 8.000, con un perímetro de 58 kilómetros. Hoy ha amanecido “desbocado” según los propios servicios de emergencia, y sigue creciendo. Quince pueblos vacíos, más de 900 personas fuera de casa y, casi en el epicentro del incendio, dos edificios que Aragón no debería permitirse perder: los monasterios de San Juan de la Peña.

La piedra resiste, el entorno, no. Los Mallos de Riglos, que dan nombre al incendio, son paredes de conglomerado de hasta 300 metros, Monumento Natural desde 2016, meca internacional de la escalada desde principios del siglo XX y una de las colonias de buitre leonado más grandes del norte de España, con presencia ocasional del quebrantahuesos, ave en peligro de extinción. Bueno, pues ahí también ha entrado el fuego.

La buena noticia es que la piedra ganó. Las llamas cercaron el conjunto monumental, pero el revestimiento del recinto frenó el fuego antes de que entrara. Así fue como la Unidad Militar de Emergencias y técnicos de Patrimonio del Gobierno de Aragón sacaron del Monasterio Viejo los restos óseos de tres reyes, además de la indumentaria del Conde de Aranda y otras piezas arqueológicas.

Aquí nació Aragón. En el sentido más literal posible. Entre estos muros se hicieron enterrar Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I, los tres primeros reyes del territorio. El escudo oficial de la comunidad —el que va en la bandera, junto a las cuatro barras— incluye la Cruz de Íñigo Arista, un símbolo que el Panteón Real del monasterio reproduce en piedra desde el siglo XVIII. Quemar San Juan de la Peña equivale a quemar el propio escudo de armas del reino.

El lugar guarda, además, el Santo Cáliz, que ahora mismo está en la Catedral de Valencia. Según la tradición, san Lorenzo lo trajo desde Roma hasta Huesca en el siglo III. Los monjes lo custodiaron entre estas piedras hasta 1399, cuando el rey Martín I lo reclamó —por escrito, tres veces— para llevárselo a Zaragoza. Es una copa de ágata de los siglos II-I antes de Cristo, la candidata más seria a grial auténtico de toda Europa. Volvió de visita en julio de 2025, por el 75º aniversario de su hermandad.

Segundo incendio. En la madrugada del 24 de febrero de 1675, un incendio devastó el monasterio viejo. Durante tres días seguidos arrasó y lo dejó inhabitable. Los monjes construyeron uno nuevo a pocos metros, terminado bien entrado el siglo XVIII. Trescientos cincuenta años después, los bulldozers, hidroaviones y un detenido de 28 años al que el Seprona relaciona con un almacén de materiales de la propia obra de la A-132 repiten el guión.

Huelva ya no puede más. El incendio de Niebla acumula ya 31.000 hectáreas y amenaza un paraje de alcornoques autóctonos y cigüeña negra, otra especie en peligro. Hace apenas unos días, en Madrid, el mayor incendio registrado en la Sierra Oeste rodeó el monasterio de Valdeiglesias, en Pelayos de la Presa, con casi 900 años de historia. El verano pasado, en León, el fuego arrasó el pueblo berciano de Lusio y las ermitas de Arnado y Orellán; los vecinos solo lograron salvar, a mano, una imagen gótica de la Virgen.

Estamos ante el peor escenario y la peor racha de incendios de la historia. Hasta 12 de agosto y según Copernicus/EFFIS, España acumula 265.457 hectáreas quemadas. Más de la mitad de todo lo calcinado este año en la Unión Europea. 2025 cerró como el peor verano desde 1994, con casi 393.000 hectáreas. 2026 le lleva una ventaja de cuatro a uno. Y no olvidemos, por respeto, Los Gallardos, en Almería, que causó 14 muertos, el más mortífero del sur peninsular en lo que va de siglo. Entretanto, seguimos en emergencia nacional en Madrid y Ávila.

En todas partes, a todas horas. El patrimonio dañado va más allá de nuestros bosques. En California, el fuego alcanzó dos veces —en 2019 y en 2025— la Getty Villa de Los Ángeles, con una de las mejores colecciones de arte griego y romano fuera de Grecia e Italia. Según la UNESCO, desde 2001 los incendios destruyeron 4,5 millones de hectáreas de bosque en zonas Patrimonio de la Humanidad —una superficie mayor que Suiza—, el 75% de toda la pérdida forestal registrada en esos lugares.

Aragón tenía un cortafuegos natural, casi 13.500 kilómetros de cabañeras, las viejas rutas de trashumancia. Pero eso es el pasado. Un 43% de los municipios aragoneses todavía no completó la clasificación legal de esos caminos y sin papeleo, no hay deslinde. Sin deslinde, el matorral se come el sendero y, sin sendero, desaparece la franja capaz de frenar la próxima lengua de fuego antes de que llegue a la siguiente peña sagrada.

Imágenes | Monasterio de San Juan de la Peña / JacaTimes

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Aragón no solo ha perdido 10.000 hectáreas calcinadas en el incendio de Riglos: también San Juan de la Peña

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Isra Fdez

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