Si estás pensando en comprar una tarjeta gráfica, una de las características en las que solemos fijarnos, es en su VRAM, ese número que nos indica, en cierto modo, si el componente es más potente o menos que otro, aunque no solo influye este dato.
Sin embargo, ¿qué ocurre si el juego o programa que estamos usando acaba necesitando más VRAM de la que tenemos?, ¿sigue funcionando con normalidad?, ¿se reinicia el PC?, ¿se puede quemar la gráfica? Vamos a verlo en el día de hoy para despejar las dudas.
Lo que pasa cuando te quedas sin VRAM
Cuando te quedas sin VRAM, lo primero que notas es que algo “ya no va bien”. No hace falta mirar números ni nada. Empiezan los típicos tironcillos, sobre todo cuando te mueves rápido o cambias de zona. No es que el juego se rompa, vaya a reiniciarse, o no sea jugable, pero ya no se siente igual.
Por otro lado, lo podemos ver de forma clara en las texturas, donde es muy típico. Ves el suelo o las paredes en baja calidad durante un momento y de repente cargan bien. Ese efecto cutre de “se ve borroso y luego mejora” suele ser porque la gráfica no tiene memoria suficiente para tenerlo todo listo a la vez.
También ocurre que, pese a que al iniciar el juego todo va bien, y crees que tienes una gráfica suficiente para ver todo en alta calidad, al cabo de un rato comienzan los tirones y esas texturas que se ven mal. Eso suele ser porque la VRAM se ha ido llenando con cosas y ya no da más de sí.
Si en vez de jugar estás editando vídeo o usando algún programa pesado, no es tanto de tirones, pero sí notas que todo responde más lento. Haces algo y tarda más de lo normal, como si el PC estuviera “pensando”. Ese primer vídeo que se renderizó en 2 minutos, ahora lleva 5 minutos y no ha acabado.

