Xataka – El cohete más grande jamás construido acaba de alcanzar la órbita. Starship ha cruzado una de sus grandes fronteras

Starship no se parece demasiado a la imagen tradicional que tenemos de un cohete. Es una enorme mole de acero inoxidable de 124 metros de altura que SpaceX ha lanzado una y otra vez para probar, vuelo tras vuelo, cómo separar sus etapas, regresar desde el espacio y recuperar un sistema concebido para ser reutilizado. Hemos visto avances enormes y también vehículos perderse por el camino, pero todo ese desarrollo seguía teniendo una ausencia llamativa: la etapa superior nunca había llegado a quedarse en órbita. Esa barrera acaba de caer.

El vuelo número 14 ha llevado por fin a la Ship 41 hasta donde SpaceX quería verla. Tras despegar desde Starbase sobre el Super Heavy y separarse después del enorme propulsor, la etapa superior continuó su ascenso y realizó unos 25 minutos más tarde el encendido necesario para entrar en órbita terrestre. Desde allí ha desplegado los 26 Starlink V3 transportados en su bodega, una carga que, a diferencia de la utilizada en el vuelo anterior, permanecerá en órbita para iniciar el proceso de incorporación a la constelación. 

Starship ya está «dando vueltas» en la órbita

Hubo un momento, sin embargo, en el que esa entrada en órbita dejó de estar asegurada. Uno de los tres Raptor Vacuum de la etapa superior se apagó antes de tiempo durante el ascenso y el propio portavoz de SpaceX, Dan Huot, llegó a anunciar durante la retransmisión que no se intentaría la maniobra orbital. La decisión no fue definitiva. Los equipos comprobaron después que los tres motores centrales seguían funcionando correctamente y mantenían la redundancia necesaria para ejecutar la inserción y el posterior desorbitado. Pocos minutos más tarde autorizaron el encendido que permitió continuar con el plan.

La diferencia con los vuelos anteriores no está simplemente en haber llegado más alto. Hasta ahora, Starship seguía trayectorias suborbitales: alcanzaba el espacio, pero su recorrido estaba diseñado para terminar de nuevo en la Tierra sin quedar en órbita alrededor del planeta. Esta vez la Ship 41 adquirió la velocidad y la trayectoria necesarias para permanecer dando vueltas a la Tierra. SpaceX había planteado inicialmente unas seis órbitas durante casi diez horas, aunque durante el vuelo actualizó ese plan y anunció que desorbitaría el vehículo después de tres horas, sin precisar el motivo del cambio.

Los 26 Starlink V3 ayudan a entender por qué esta misión va bastante más allá de demostrar que el sistema puede mantenerse alrededor del planeta. En el vuelo anterior, la etapa superior ya había desplegado unidades de esta generación, pero aquellas siguieron una trayectoria suborbital y terminaron reentrando poco después. Esta vez los satélites han quedado en órbita y están destinados a incorporarse a la constelación tras elevar su órbita y completar sus comprobaciones. SpaceX asegura además que cada V3 está diseñado para ofrecer aproximadamente diez veces más capacidad de bajada y 22 veces más de subida que los V2, un salto que explica por qué Starship será importante para ampliar la red.

Entre esos 26 satélites hay tres que, antes de centrarse en su trabajo dentro de la constelación, mirarán hacia atrás. Sus cámaras están preparadas para fotografiar el escudo térmico de la Ship 41 desde el exterior y enviar ese material a SpaceX, que sigue intentando entender cómo responde la protección de la nave después de cada vuelo. Esta misión incorpora además cambios en la sujeción y el diseño de algunas losetas, junto con dos piezas reutilizadas de la Ship 40. Son pruebas pequeñas dentro de un problema mucho mayor: conseguir que la etapa superior pueda regresar y volar de nuevo con cada vez menos intervención.

El Super Heavy tuvo sus propios problemas, independientes de lo ocurrido después con la nave. Cuando el propulsor inició la maniobra de regreso, solo 31 de sus 33 motores volvieron a encenderse para el boost-back burn, y durante el ascenso uno de ellos ya había parecido apagarse antes de tiempo. Eso no impidió que completara la secuencia prevista hacia el mar: SpaceX confirmó su amerizaje frente a Starbase, aunque en ese momento todavía no estaba claro si el descenso había terminado con la suavidad que buscaba la compañía.

Todo esto tiene además una lectura que conduce directamente hacia la Luna, aunque conviene no adelantarse. La NASA ha contratado a SpaceX para desarrollar Starship HLS, una variante destinada a funcionar como módulo de alunizaje dentro de Artemis, pero llegar a órbita es solo una de las capacidades necesarias para ese futuro. Artemis III probará en 2027, desde la órbita terrestre, operaciones entre Orion y uno o ambos vehículos de prueba de los módulos comerciales desarrollados por SpaceX y Blue Origin. El primer alunizaje tripulado del programa está ahora previsto para Artemis IV, en 2028, mientras Starship todavía debe resolver desafíos mucho más complejos, como la transferencia criogénica de propelentes a gran escala entre vehículos.

Imágenes | SpaceX 

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Javier Marquez

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