Xataka – En 1890, un neoyorquino liberó 100 estorninos en Central Park. No tenía ni idea de lo que acababa de desencadenar en todo el continente

En 1890, unas pocas decenas de estorninos europeos fueron liberadas en Central Park, Nueva York. Al año siguiente llegó otra tanda y la cifra tradicionalmente aceptada quedó en unos 100 ejemplares. Aquella diminuta población fundadora terminó protagonizando una de las expansiones animales más extraordinarias de Norteamérica: atravesó el continente, llegó a alcanzar unos 200 millones de individuos y, de paso, creó una historia tan espectacular que con el tiempo acabó mezclándose con una leyenda sobre Shakespeare.

100 pájaros en el centro de Manhattan. El punto de partida se sitúa en Nueva York entre 1890 y 1891, cuando Eugene Schieffelin, miembro de la American Acclimatization Society, participó en la liberación de estorninos europeos en Central Park. Las fuentes históricas discrepan ligeramente: algunas hablan de 80 ejemplares en 1890 y 40 posteriormente, pero una revisión histórica conservada por el Smithsonian señala que la cifra generalmente aceptada es de 60 liberados en 1890 y otros 40 en 1891, unos 100 en total

Hubo intentos anteriores de introducir estorninos en otros puntos de Norteamérica que aparentemente fracasaron, mientras aquella pequeña población neoyorquina consiguió establecerse y se convirtió en el núcleo de una explosión demográfica que acabaría llevando la especie de costa a costa.

La multiplicación fue absurda. Durante sus primeros años los estorninos permanecieron fundamentalmente alrededor de Nueva York, pero una vez consolidada la población comenzaron a expandirse a enorme velocidad: hacia 1900 ya aparecían en Connecticut y Nueva Jersey y durante las décadas siguientes siguieron avanzando hacia el oeste. Cornell resume la magnitud del fenómeno con dos cifras difíciles de conciliar a primera vista: una población inicial diminuta y un máximo histórico estimado de alrededor de 200 millones de adultos reproductores distribuidos por Norteamérica. 

En términos puramente ilustrativos, pasar de 100 a 200 millones supone multiplicar la población inicial por unos dos millones, aunque existe la posibilidad de que otras introducciones contribuyeran genéticamente a la población posterior y por eso no puede afirmarse literalmente que cada uno de aquellos millones descendiera exclusivamente de los ejemplares de Central Park.

No fue solo cómo se reprodujeron. Un estudio dirigido desde el Cornell Lab of Ornithology y publicado en Molecular Ecology encontró que los estorninos norteamericanos experimentaron una rápida adaptación local durante apenas 130 años, un intervalo extraordinariamente corto en términos evolutivos. Al secuenciar ejemplares procedentes de distintas regiones, los investigadores encontraron poblaciones genéticamente muy similares, pero también pequeñas diferencias en zonas del genoma relacionadas con la adaptación a factores como temperatura y precipitaciones.

A saber: variantes ya presentes en la población podían resultar poco útiles en un lugar y convertirse en una ventaja al colonizar otro. Su enorme movilidad hizo el resto, permitiendo establecer continuamente nuevas poblaciones que tuvieron que desenvolverse en climas distintos, de modo que el éxito del estornino no consistió simplemente en reproducirse sin freno, sino también en especializarse rápidamente conforme avanzaba por el continente.

Un señor estornino

La leyenda de Shakespeare. Durante décadas se contó que Schieffelin estaba obsesionado con introducir en Estados Unidos todas las aves mencionadas por William Shakespeare, y el relato resultaba perfecto porque el estornino aparece en Enrique IV, parte 1. Es más, instituciones como Cornell y el Smithsonian llegaron a reproducir esa explicación. Sin embargo, una investigación histórica de Lauren Fugate y John MacNeill Miller publicada en 2021 revisó la historia y no encontró palabras del propio Schieffelin, testimonios directos ni siquiera relatos contemporáneos de segunda mano que demuestren semejante proyecto shakespeariano. 

La Folger Shakespeare Library considera hoy que esa explicación pertenece probablemente a la leyenda posterior y que el contexto más sólido es mucho menos literario: Schieffelin pertenecía a una sociedad de aclimatación, parte de un movimiento internacional que trasladaba deliberadamente animales y plantas entre continentes creyendo que introducir nuevas especies podía enriquecer la naturaleza y ayudar a estudiar su adaptación. 

Un experimento involuntario. La proliferación tuvo consecuencias que nadie podía imaginar en aquel Central Park de 1890. El 4 de octubre de 1960, el vuelo 375 de Eastern Air Lines acababa de despegar del aeropuerto Logan de Boston cuando atravesó una gran bandada de estorninos. Varias aves entraron en tres motores, provocando pérdidas bruscas y desiguales de potencia, el avión perdió velocidad y control y acabó estrellándose, con solo diez supervivientes entre las 72 personas que viajaban a bordo. 

La FAA identifica aquel accidente, con 62 fallecidos, como el choque con aves que más vidas ha costado en la aviación estadounidense y explica que contribuyó al desarrollo de requisitos específicos para que los motores de turbina pudieran soportar la ingestión de aves, conectando de una forma extraordinaria una introducción biológica del siglo XIX con cambios posteriores en la certificación aeronáutica. 

Una plaga agrícola. Porque los estorninos forman enormes concentraciones, consumen cultivos y alimento destinado al ganado y pueden generar problemas de contaminación, enfermedades y daños en instalaciones agrícolas. De hecho, el Departamento de Agricultura estadounidense los considera una de las principales especies de aves invasoras implicadas en conflictos con la agricultura. Una estimación muy citada situó en el año 2000 los daños agrícolas atribuibles a los estorninos en unos 800 millones de dólares anuales.

Con todo, no conviene trasladarla automáticamente al presente: los datos actuales del USDA utilizan estimaciones diferentes y calculan en más de 150 millones de dólares anuales los daños directos a grano, fruta y bayas provocados conjuntamente por estorninos y diversos grupos de aves. Incluso el relato tradicional sobre su devastador impacto ecológico está siendo revisado, ya que investigaciones históricas recientes sostienen que algunas afirmaciones sobre sus perjuicios a aves nativas y agricultura fueron exageradas junto con la propia leyenda de Schieffelin.

Un imperio ahora encogiéndose. El éxito fue tan gigantesco que oculta un último giro de la historia: actualmente ya no existen 200 millones de estorninos norteamericanos. Cornell calculó que la población reproductora había pasado de unos 166,2 millones en 1970 a aproximadamente 85,1 millones medio siglo después, una reducción cercana al 50%, dentro del descenso generalizado que también afecta a la especie en Europa. 

Qué duda cabe, Eeso no cambia la dimensión histórica de lo sucedido: una introducción de alrededor de un centenar de aves en el Nueva York de finales del XIX terminó asociada a una población que alcanzó los 200 millones y ocupó prácticamente Norteamérica. 

Lo que sí cambia es la moraleja, porque detrás de aquella espectacular historia no parece haber un excéntrico intentando recrear a Shakespeare, sino algo mucho más representativo de su época: humanos trasladando especies entre continentes sin tener todavía una idea clara de lo que podían desencadenar.

Imagen | X, Charles J. Sharp 

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En 1890, un neoyorquino liberó 100 estorninos en Central Park. No tenía ni idea de lo que acababa de desencadenar en todo el continente

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Miguel Jorge

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