Cuando se anunció 1666 Amsterdam durante el Summer Game Fest, muchos jugadores quedaron intrigados por la nueva propuesta de Patrice Désilets, creador de Assassin’s Creed. Sin embargo, pocos días después, el juego se vio envuelto en una pequeña polémica cuando el estudio reconoció haber utilizado algunos materiales generados mediante IA para la demo pública, una decisión por la que posteriormente pidieron disculpas. Ahora, por fin he tenido tiempo para jugar a la demo, y ha sido suficiente para dejarme una impresión muy positiva.
La demo nos presenta el prólogo del juego, de apenas 20 minutos de duración, y apenas permite explorar algunas de sus mecánicas. Aun así, y aunque todavía es demasiado pronto para sacar conclusiones definitivas, lo que sí puedo deciros es que me ha impresionado la atmósfera y el inicio de la historia: es un juego que tiene una pinta increíble y que, si al final lo hacen bien, puede convertirse sin lugar a dudas en candidato a GOTY cuando se lance la versión definitiva.
La ambientación es la gran protagonista del prólogo
Lo primero que llama la atención al iniciar la demo es la ambientación oscura, tétrica y lúgubre, muy del estilo de «película de brujas», solo que en esta ocasión la bruja eres tú, así que no hay ningún elemento que genere miedo. No, 1666 Amsterdam no es un juego de terror, sino más bien un juego de investigación, acción e historia ambientado en una atmósfera de terror. Pero no da miedo en absoluto, al menos no en el prólogo, en el que no tienes la oportunidad de ver el combate.
La verdad es que una de las cosas más interesantes de lo que se ha podido ver en esta demo pública es el hecho de que no encarnas al típico héroe encargado de salvar la humanidad (o lo que sea). De hecho, al principio y por lo que han dejado ver, no sabes muy bien a quién encarnas… al principio eres Noa, una bruja en 1666, pero luego eres Clio, que parece ser una estudiante que busca pistas sobre una escritura que no es capaz de comprender.
Y es curioso porque al principio del todo, cuando juegas con «la bruja», tienes que elegir un gato que será tu compañero, tu Bateratze, entre distintos gatos subidos al árbol (Guardián, Escudero, Salvaje, etc.), y luego entiendes por qué, porque tras cierto acontecimiento que tampoco queremos desvelar aquí, pasamos a controlar a Aaron, el padre de Clio, en la Ámsterdam de 1999, que está a punto de cambiar de siglo, y se ve envuelto en una especie de ritual que… que lo convierte en gato. Y procedemos a jugar con el gato, volviendo a 1666 y siendo el que Noa elige, claro. De hecho, por lo que sea, inicialmente el gato le da un zarpazo en la cara, y, si os fijáis, Noa tiene una cicatriz de garras que le cruza la cara.

