Xataka – He probado el nuevo MacBook Pro táctil: no tenía claro para qué querría tocar su pantalla. He encontrado las primeras respuestas

Hay un gesto que llevamos años haciendo en el iPhone y en el iPad que ahora llega al Mac: tocar aquello con lo que queremos interactuar. Parece una explicación demasiado sencilla para una de las mayores novedades del MacBook Pro, pero después de probarlo en el evento especial de Apple en Los Ángeles, es la que mejor resume su propuesta. La pantalla táctil añade una forma de utilizar el ordenador que resulta familiar desde el primer momento.

Lo interesante está en cómo convive con todo lo demás. El teclado sigue ahí, los atajos conservan su utilidad y el trackpad mantiene su protagonismo. Podemos trabajar como siempre y, en un momento determinado, levantar la mano para ampliar una imagen, desplazar una página o actuar directamente sobre el contenido. La experiencia del Mac se amplía sin pedirnos que abandonemos nuestros hábitos: eso es lo importante.

Tocar la pantalla cuando tiene sentido

La pregunta más útil al acercarse a este MacBook Pro es en qué momentos resulta más práctico tocar su pantalla. Y las respuestas empiezan por acciones bastante corrientes: pellizcar una fotografía para ampliarla, desplazarse por una web o mover un elemento de una presentación.

Son gestos que ya conocemos. Aquí se incorporan a un entorno de escritorio, con sus ventanas, sus aplicaciones y sus herramientas profesionales. No hace falta convertir cada tarea en una interacción táctil para encontrarles utilidad. Basta con que, en ciertos momentos, el camino entre lo que queremos hacer y el resultado sea más corto.

La pantalla táctil del MacBook Pro suma comodidad en gestos puntuales: su principal valor está en permitir alternar entre teclado, trackpad y toque según convenga

Lo que más me convence de este planteamiento es la libertad de alternar. Escribir con el teclado, utilizar el trackpad y tocar la pantalla pueden formar parte de una misma tarea. Cada interacción tiene su momento y el usuario decide cuál le resulta más cómoda.

Hay decisiones de hardware que ayudan a sostener esa idea. El sensor táctil está integrado en el propio panel y la bisagra se ha rediseñado para ofrecer mayor estabilidad al tocarlo. Son detalles relevantes en un portátil: la experiencia también depende de cómo responde físicamente la pantalla cuando acercamos la mano.

Además macOS, traduce los toques en clics para facilitar la compatibilidad con las aplicaciones existentes. A partir de ahí, las nuevas API permiten que los desarrolladores preparen interacciones específicas. Esa evolución será importante para descubrir hasta dónde llega esta nueva forma de trabajar.

Una pantalla que también cambia lo que vemos

El otro gran cambio se aprecia incluso antes de tocarla. La nueva pantalla PROLED XDR utiliza tecnología OLED en tándem, con hasta 2.000 nits de brillo máximo en HDR y SDR y una frecuencia adaptativa de entre 10 y 120 Hz.

Durante este primer contacto, la pantalla es uno de los elementos que más atraen mi atención. Tiene sentido: es el lugar donde confluyen la nueva calidad de imagen, los bordes más finos y la interacción táctil.

La nueva pantalla PROLED XDR destaca por su tecnología OLED en tándem, alto brillo, contraste extremo y frecuencia adaptativa. Es el cambio más llamativo del equipo y promete especial interés para trabajos de imagen, diseño y vídeo

Las especificaciones aportan contexto a esa impresión. El contraste anunciado es de 10.000.000:1 y la cobertura de color incluye P3 y Adobe RGB, además de más de un 80% de Rec. 2020. Para quienes trabajan con fotografía, diseño o vídeo, son características que habrá que examinar con calma en una prueba más extensa.

También cambian las dimensiones útiles: los paneles alcanzan las 14.2 y 16.3 pulgadas. Y aquí aparece otro elemento conocido que modifica la percepción del conjunto, algo que también por primera vez vamos a tener en un ordenador de escritorio de Apple.

La Dynamic Island encuentra su sitio en el Mac

La llegada de la Dynamic Island hace que la pantalla me parezca más abierta, con una mayor sensación de espacio. Es una impresión visual de este primer encuentro, favorecida también por la reducción de los marcos y una familiaridad después de acostumbrarnos a usarla (y a sus posibilidades) en el iPhone.

Pero su interés va más allá de su aspecto. En el Mac sirve para reunir actividades en directo y controles que podemos consultar sin abandonar lo que estamos haciendo: la reproducción de música, una llamada o una solicitud de AirDrop, por ejemplo. También puede alojar Spotlight cuando Siri AI está disponible y activado.

La Dynamic Island llega al Mac como un espacio visible para actividades en directo y controles rápidos sin interrumpir el trabajo. Combinada con la pantalla táctil, gana sentido al permitir actuar directamente sobre esa información

Con una pantalla táctil, esa zona adquiere otra utilidad. La información está a la vista y podemos actuar sobre ella directamente con un dedo. Es una referencia que viene del iPhone y que encuentra una aplicación propia dentro del ordenador.

Apple está trasladando al Mac algunas de las interacciones que hemos aprendido en sus otros dispositivos. Lo relevante será que cada una encuentre aquí una razón práctica para existir. En este caso, la combinación de información breve y acceso directo parece un buen punto de partida.

Más posibilidades para crear

Donde más recorrido veo a la pantalla táctil es en las herramientas creativas. Poder actuar sobre el propio contenido abre posibilidades distintas a las de manejarlo desde el trackpad.

En Logic Pro, por ejemplo, la propuesta incluye instrumentos de software con un teclado polifónico Multi-Touch, pads de percusión y acordes en pantalla. En Final Cut Pro, los gestos permiten marcar intervalos, colocar clips o ampliar una escena. Pixelmator Pro incorpora interacción directa sobre el lienzo para dibujar, pintar y seleccionar.

Cada aplicación tendrá que demostrar qué aporta en el uso diario. También está previsto que herramientas como Lightroom, DaVinci Resolve, Blender o Shapr3D aprovechen estas posibilidades, con adaptaciones que llegarán antes de finales de año.

La parte más sugerente es lo que los desarrolladores puedan construir a partir de aquí. Tenemos la potencia y la flexibilidad de las aplicaciones de Mac, ahora con otra vía para relacionarnos con ellas. Algunas utilidades serán evidentes; otras aparecerán cuando los usuarios empiecen a incorporarlas a su trabajo.

Más ligero, con un sonido que destaca

Los cambios también se sienten al manejar el equipo. El modelo de 14 pulgadas parte de 1,38 kilos y el de 16 pulgadas, de 1,82 kilos: 227 y 317 gramos menos, respectivamente. Esa reducción ayuda a que este MacBook Pro resulte más cómodo y refuerza su carácter portátil.

Vuelve además la manzana iluminada, un detalle que reconozco al instante y que recupera una parte muy identificable de la historia de estos Macs. Tiene algo de reencuentro en medio de una renovación que mira hacia delante.

El sonido es otro de los apartados que me deja una buena primera impresión. Se escucha muy bien. El sistema mantiene seis altavoces y estrena un diseño con el que Apple anuncia graves un 50% más profundos. Habrá tiempo para escucharlo en otras condiciones, pero durante la prueba es una de esas características que acompañan bien a lo que ofrece la pantalla.

Por dentro encontramos los M5 Pro y M5 Max, con configuraciones de hasta 128GB de memoria unificada y hasta 16 TB de almacenamiento. Hay potencia para abordar trabajos exigentes de vídeo, creación 3D, desarrollo e inteligencia artificial local, aunque este contacto inicial todavía no permite valorar su rendimiento sostenido ni comprobar las hasta 24 horas de autonomía anunciadas, que dejaremos para la review.

Un Mac con más formas de ser utilizado

Me voy de esta primera prueba con la sensación de que la pantalla táctil está planteada como una ayuda que podemos incorporar a nuestro ritmo. Habrá quien la utilice con frecuencia y quien encuentre dos o tres gestos que le resuelvan pequeñas tareas cada día. Ambos usos tienen sentido, aunque habría que decidir si los cambios mejoran nuestro día a día.

La pantalla táctil del nuevo MacBook Pro se plantea como una ayuda flexible, no como una obligación. Su verdadero alcance dependerá de cómo usuarios y aplicaciones aprovechen estas nuevas formas de interacción

El Mac conserva aquello que lo hace reconocible y recibe interacciones que millones de personas ya utilizan en el iPhone y en el iPad. Aquí conviven con aplicaciones de escritorio, atajos de teclado y procesos de trabajo que llevan años evolucionando.

Ese es el aspecto que más interés me despierta después de probarlo en Los Ángeles: el nuevo MacBook Pro ofrece más opciones para hacer lo que ya hacemos y deja espacio para descubrir otras. Tocar la pantalla puede ser un gesto pequeño. Lo que las aplicaciones y los usuarios construyan alrededor de él será lo que determine su alcance.

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He probado el nuevo MacBook Pro táctil: no tenía claro para qué querría tocar su pantalla. He encontrado las primeras respuestas

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Pedro Aznar

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