Volver a una saga después de más de una década puede ser una experiencia extraña, especialmente cuando hablamos de una franquicia anual que no ha dejado de crecer, sumar sistemas y complicarse con cada nueva entrega. Mi último contacto serio con la serie fue NBA 2K14, así que aterrizar ahora en NBA 2K27 ha supuesto prácticamente empezar desde cero. Y la primera palabra que me viene a la cabeza después de varias horas jugando es muy sencilla: abrumador.
Lo curioso es que esa sensación no viene precisamente de lo que ocurre sobre la cancha. Ahí, NBA 2K27 sigue demostrando por qué 2K lleva tantos años dominando prácticamente en solitario el terreno de la simulación de baloncesto, con un control bastante accesible en lo básico, animaciones muy realistas, una IA competente y una representación del deporte realmente convincente.
El problema aparece cuando el juego empieza a desplegar todo lo que hay alrededor: modos, progresión, cartas, monedas, menús, mundos abiertos y sistemas superpuestos que parecen pensados mucho más para quien lleva años siguiendo la saga que para alguien que simplemente quiere volver a jugar al baloncesto.
MyCAREER: una historia sencilla en una ciudad demasiado cargada
NBA 2K27 vuelve a utilizar MyCAREER como principal vía para quienes quieren crear su propio jugador y acompañarlo desde sus primeros pasos hasta intentar hacerse un hueco entre las grandes estrellas de la liga. El modo incluye cinemáticas, personajes y diálogos para dar algo de contexto a la progresión, aunque en general la narrativa resulta bastante convencional y no tarda demasiado en quedar en segundo plano frente al resto de sistemas.
La creación inicial del jugador ya deja entrever parte del problema. Elegir posición, altura, peso, atributos y orientación del personaje ofrece bastantes posibilidades, pero las explicaciones son escasas y para alguien que no haya seguido las últimas entregas de la saga puede resultar bastante confuso saber qué consecuencias tendrá cada decisión. La sensación es que NBA 2K27 da por hecho que ya conoces su lenguaje interno y cómo funciona la progresión de MyCAREER.
Una vez dentro de The City, esa sensación se multiplica. El mapa está repleto de actividades, edificios, jugadores, elementos interactivos y estímulos visuales, hasta el punto de que a veces cuesta saber qué hacer o hacia dónde dirigirse. Hay gimnasios, zonas sociales, actividades secundarias e incluso jugadores desplazándose en patinete, pero todo ese contenido termina generando más ruido que sensación de libertad.
La idea de desarrollar a un rookie sigue teniendo potencial, pero personalmente habría disfrutado mucho más de un sistema tradicional basado en menús, entrenamientos, partidos y mejoras directas. MyCAREER quiere ser mucho más que un simple modo carrera, pero en el proceso termina convirtiéndose en una experiencia demasiado dispersa y abrumadora.
Jugabilidad y mecánicas: cuando el baloncesto sí funciona
Si hay un aspecto en el que NBA 2K27 convence con bastante facilidad es en lo que ocurre sobre la cancha. Jugando con un mando Xbox Elite en PC, los controles básicos resultan bastante cómodos y no cuesta demasiado volver a hacerse con ellos incluso después de llevar años lejos de la saga. Pasar, tirar, esprintar, cambiar de jugador o moverse en defensa se siente bastante natural desde el principio. La cosa cambia cuando quieres empezar a hacer jugadas más avanzadas, utilizar regates específicos o dominar movimientos concretos, porque ahí el juego empieza a exigir bastante más conocimiento y práctica.
El sistema de tiro también funciona bien, aunque obliga a prestar atención al contexto. No siempre tienes el mismo margen para soltar el botón en el momento adecuado, y hay situaciones en las que la ventana perfecta es extremadamente pequeña o incluso parece desaparecer por completo. Al principio puede resultar algo frustrante, pero una vez entiendes que cada lanzamiento depende de la posición, la defensa rival, el equilibrio del jugador o la dificultad del propio tiro, el sistema gana bastante sentido.
Donde más se aprecia el esfuerzo de 2K por ofrecer una simulación creíble es en el movimiento de los jugadores. Las inercias están muy presentes, especialmente en defensa, y no puedes cambiar de dirección como si los jugadores no tuvieran peso. Si esprintas demasiado para cerrar una línea de penetración es fácil pasarte de largo y regalar una entrada sencilla, mientras que intentar colocar un tapón exige bastante precisión. Es un sistema que castiga mucho los errores, pero precisamente por eso transmite una sensación de realismo bastante convincente.
El manejo del balón también está bien trabajado, con movimientos fluidos y animaciones que encajan de forma natural entre sí. No he tenido la sensación de estar luchando contra secuencias excesivamente largas o bloqueadas, y la respuesta general del jugador resulta rápida. La IA acompaña bastante bien, especialmente en MyCAREER, donde solo controlamos a nuestro personaje y dependemos mucho más de que el resto del equipo se comporte de forma coherente.
La dificultad, eso sí, tiene una curva algo peculiar. En el nivel más bajo resulta demasiado sencillo ganar incluso siendo completamente novato, mientras que el siguiente escalón ya ofrece un reto bastante más razonable sin llegar a ser especialmente duro. En cualquier caso, NBA 2K27 demuestra que su mayor fortaleza sigue estando aquí: cuando se limita a dejarte jugar al baloncesto, la experiencia es sólida, realista y bastante satisfactoria.
Modos de juego: mucho contenido, quizá demasiado
Más allá de MyCAREER, NBA 2K27 ofrece una cantidad enorme de contenido, aunque no todos sus modos resultan igual de accesibles. MyTEAM es probablemente el más sencillo de entender para alguien que llegue de nuevas. Nada más entrar, el juego pregunta por nuestro nivel de experiencia y, si indicamos que somos nuevos en el modo, ofrece un tutorial bastante claro sobre cartas, jugadores, estadísticas y construcción de equipo.
El concepto recuerda mucho a los modos Ultimate Team de EA Sports FC. Vamos consiguiendo cartas, formando una plantilla y mejorándola progresivamente mientras participamos en distintos desafíos y partidos. Los primeros tutoriales, por ejemplo, se desarrollan en encuentros de tres contra tres sobre una cancha callejera y sirven para aprender rápidamente cómo funciona el sistema.
El problema es que no tardamos demasiado en empezar a gestionar cartas, estadísticas, recompensas y progresión, añadiendo otra capa más de sistemas a un juego que ya va bastante cargado. En las primeras horas no resulta especialmente agresivo con las compras, pero la presencia de monedas y sobres deja claro por dónde puede avanzar el modo cuando empiezas a competir a niveles más altos.
MyNBA, en cambio, me ha parecido bastante más interesante. Sigue siendo un modo denso y claramente orientado al aficionado más dedicado, pero todo lo que ofrece tiene sentido dentro de la gestión de una franquicia. Podemos controlar prácticamente todos los aspectos del equipo, desde las plantillas y contratos hasta los traspasos, el draft o la gestión deportiva general.
Hay muchísimas opciones y puede resultar abrumador al principio, pero aquí al menos no existe esa sensación de estar perdido que transmite The City. Sabes para qué sirve cada apartado y qué estás intentando conseguir, aunque haga falta tiempo para dominar todas sus posibilidades.
NBA 2K27 ofrece muchísimo contenido y modos capaces de mantener ocupado durante meses a quien quiera profundizar en ellos. El problema es que esa ambición también contribuye a que el juego pueda sentirse excesivamente denso para quien simplemente busca una experiencia de baloncesto más directa.
Apartado artístico: una retransmisión de la NBA casi constante
Visualmente, NBA 2K27 mantiene un nivel muy alto de producción. Los jugadores están muy bien representados, con rostros, cuerpos, tatuajes, equipaciones y animaciones que transmiten bastante realismo, y en general cuesta encontrar algún jugador importante que no resulte reconocible a simple vista. También los movimientos durante los partidos están muy cuidados, con entradas, tiros, contactos y celebraciones que encajan bien entre sí y ayudan mucho a vender la sensación de estar viendo baloncesto real.
Los pabellones también están muy logrados. La iluminación, el público, los marcadores y la ambientación general funcionan bien, y todo está presentado con una realización muy cercana a la de una retransmisión televisiva. Las estadísticas, transiciones, cámaras y repeticiones refuerzan bastante esa sensación, aunque precisamente estas últimas se utilizan demasiado. En más de una ocasión, después de anotar una canasta, el juego corta inmediatamente a una repetición y, al volver a la acción, cuesta incluso localizar dónde está nuestro jugador, rompiendo un poco el ritmo del partido.

