Durante buena parte de la historia espacial, el gran desafío fue conseguir que una nave pudiera abandonar la Tierra y alcanzar la órbita. Pero la industria espacial está entrando en una fase en la que llegar hasta allí ya no es suficiente: también importa qué ocurre después del lanzamiento. A medida que aumentan las constelaciones de satélites y las misiones requieren trayectorias más complejas, gana importancia una idea que hasta hace poco era menos visible para el gran público: vehículos capaces de continuar la misión. China está desarrollando una de esas piezas con Lixun-1, una etapa superior que busca convertir un lanzamiento en algo más parecido a un servicio de transporte espacial.
La pieza que convierte un cohete en transporte espacial. El mencionado proyecto ha superado una de las etapas necesarias antes de intentar demostrar su funcionamiento en el espacio. La empresa china CAS Space ha completado las pruebas del sistema de propulsión de esta etapa superior y, según la información difundida por la compañía y medios estatales chinos, el vehículo está preparado para entrar en la fase de pruebas de vuelo, con un primer lanzamiento previsto para el primer trimestre de 2027. Durante los ensayos, el motor líquido de 20 kN acumuló 5.211 segundos de encendido, un dato que sus responsables consideran una verificación clave antes de pasar a una misión real.
Un cohete no siempre basta. Para entender por qué existe una etapa superior como Lixun-1 primero tenemos que mirar una limitación habitual de los lanzamientos espaciales. Un cohete puede hacer el trabajo más difícil, que es abandonar la Tierra y colocar una carga en una primera órbita, pero esa posición no siempre es el destino final del satélite. Algunas misiones necesitan alcanzar órbitas más altas, cambiar su trayectoria o separar varios vehículos en puntos diferentes del espacio, y ahí es donde entra una etapa superior: un sistema que continúa la misión después de que el lanzador principal haya terminado su parte.
Así es Lixun-1. La clave de Lixun-1 está en que no se trata de una simple pieza añadida al cohete, sino de un vehículo independiente diseñado para continuar la misión una vez alcanzada la órbita inicial. CAS Space ha planteado una arquitectura modular que permita adaptar esta etapa superior a distintos lanzadores, con un sistema de propulsión basado en un motor líquido de 20 kN y una serie de soluciones destinadas a operar en las condiciones extremas del espacio. Entre ellas se encuentran sistemas redundantes para reducir riesgos y una configuración preparada para realizar múltiples encendidos, una capacidad que todavía deberá demostrar durante sus futuras pruebas de vuelo.
El reparto orbital como objetivo. Si Lixun-1 consigue demostrar en vuelo las capacidades anunciadas por CAS Space, su principal ventaja estaría en convertir un único lanzamiento en una operación mucho más flexible. En lugar de que todos los satélites tengan que compartir una misma órbita de destino, esta etapa superior podría realizar maniobras posteriores para colocarlos en diferentes alturas o inclinaciones orbitales. Además, al asumir parte de ese desplazamiento, los propios satélites podrían reducir la cantidad de combustible que necesitan para alcanzar su posición definitiva, una diferencia que puede traducirse en más espacio para instrumentos o una mayor vida útil.
China acelera. La historia espacial de China es relativamente reciente si la comparamos con la de Estados Unidos o la antigua Unión Soviética. El país envió a su primer astronauta al espacio en 2003 con la misión Shenzhou 5, cuando Yang Liwei se convirtió en el primer ciudadano chino en alcanzar la órbita, décadas después de que las dos grandes potencias espaciales ya hubieran protagonizado los primeros hitos de la exploración humana. Desde entonces, Pekín ha construido una capacidad propia que incluye vuelos tripulados, la estación espacial Tiangong y programas de exploración lunar y planetaria, una evolución que ayuda a entender por qué proyectos como Lixun-1 aparecen ahora como parte de una estrategia más amplia para operar en el espacio.
De lanzar a operar. El desarrollo de Lixun-1 encaja en una transformación más amplia del sector espacial chino: pasar de fabricar vehículos capaces de llegar al espacio a construir servicios que permitan aprovecharlo de forma más flexible. En los últimos años, China ha impulsado un ecosistema comercial con nuevas empresas, lanzadores y tecnologías orientadas a hacer más eficientes y versátiles las misiones orbitales. Dentro de esa estrategia, una etapa superior como la de CAS Space no añade simplemente más capacidad de lanzamiento, sino una nueva capa de operaciones después del despegue: la posibilidad de que una misión continúe una vez que el cohete ya ha terminado su trabajo.
Imágenes | CAS Space
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La noticia
China ha probado durante 5.211 segundos el motor de su nuevo “taxi espacial”. El siguiente paso será llevarlo al espacio
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Xataka
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Javier Marquez
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