La materia oscura encarna uno de los mayores enigmas de la física. Los científicos no saben qué es, pero sospechan que la supersimetría, si se demuestra su validez, podría resultar útil para entender cuál es su naturaleza. Su existencia se desprende de la observación de su huella gravitacional en el universo, pero esta hipotética forma de materia no emite ningún tipo de radiación, lo que provoca que por el momento los físicos no hayan logrado dar con ella.
Sea como sea, los astrofísicos tienen motivos bien fundados para sospechar que los agujeros negros supermasivos que residen en el centro de las galaxias conocidas están implicados de una forma muy profunda en los procesos que condicionan la formación y la evolución de estas galaxias. Lo que hasta hace muy poco no sabían es que hay indicios que reflejan que la materia oscura puede estar involucrada en la formación de los agujeros negros supermasivos. Si se confirma esta hipótesis sus implicaciones tendrán muchas ramificaciones.
Y es que los cosmólogos creen que los gigantescos agujeros negros de los centros galácticos se forman a partir de agujeros negros mucho más pequeños que acaban engullendo estrellas de su vecindario, grandes cantidades de gas, y que, incluso, se fusionan con otros agujeros negros. Lo interesante es que este proceso requiere miles de millones de años. De lo contrario los agujeros negros supermasivos no podrían alcanzar el tamaño tan descomunal que tienen. En cualquier caso, la pregunta más importante sigue estando en el aire: ¿qué es la materia oscura y cómo podemos dar con ella?
Júpiter y Saturno pueden darnos respuestas
En 1992 los físicos teóricos japoneses M. Kawasaki, H. Murayama y T. Yanagida publicaron un artículo interesantísimo titulado «¿Puede la materia oscura fuertemente interactuante ser una fuente de calor para Júpiter?». En su texto expusieron la posibilidad de que los planetas gigantes, como Júpiter o Saturno, podían actuar como unas herramientas muy valiosas a la hora de obtener información acerca de la materia oscura gracias a sus efectos térmicos.
La materia oscura al aniquilarse consigo misma dentro de la atmósfera de los planetas de mayor tamaño podría tener la capacidad de ionizar el hidrógeno molecular
Muchos astrofísicos han trabajado sobre esta idea desde entonces, pero hasta ahora ninguno ha estado tan inspirado como el investigador Carlos Blanco, de la Universidad de Princeton (EEUU). Blanco y su equipo han realizado las pruebas más estrictas hasta la fecha para averiguar si el resplandor de luz ultravioleta que emite la atmósfera de los mayores planetas de nuestro sistema solar procede en alguna medida de la interacción indirecta de la materia oscura y la materia ordinaria. Aunque, como hemos visto, esta idea no es nueva, su experimento ha alcanzado un nivel de precisión inédito.
Su hipótesis es muy interesante: la materia oscura al aniquilarse consigo misma dentro de la atmósfera de los planetas de mayor tamaño podría tener la capacidad de ionizar el hidrógeno molecular y producir como resultado una emisión de luz ultravioleta más intensa de la que cabe esperar si nos ceñimos a otros fenómenos, como, por ejemplo, la incidencia de la radiación cósmica. Suena bien, no cabe duda, pero lo sorprendente es que para poner a prueba esta teoría Blanco y su equipo han analizado las observaciones realizadas por las sondas espaciales sobre Saturno, Júpiter, Neptuno y Urano para, así, intentar identificar cualquier exceso de luz ultravioleta que no pueda explicarse de otra forma.
El resultado que han obtenido pone encima de la mesa una de las restricciones más sólidas llevadas a cabo hasta ahora en este campo. Y, además, complementa a los detectores construidos en la Tierra. Los físicos todavía no han dado con la materia oscura, pero poco a poco van estrechando su cerco. De hecho, la investigación de Blanco nos invita a contemplar con optimismo la posibilidad de que los telescopios ultravioleta que llegarán en el futuro puedan rastrear con precisión la emisión de luz ultravioleta de exoplanetas gigantes. Quizá alguno de ellos pueda ser utilizado como un detector de materia oscura extremadamente sensible. Crucemos los dedos.
Imagen | NASA (procesada con ChatGPT)
Más información | Phys.org
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La noticia
Nadie sabe qué es la materia oscura. Y resulta que tenemos el mejor detector que existe delante de nuestras narices
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Laura López
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