A principios de mayo de 2025, el río Tajo había superado el 85% de su límite de caudal. En marzo amanecía desbordado, superando un récord de 1997. Un año antes, se podía cruzar a caballo o incluso a pie. Ahora volvemos al mismo punto y el presidente regional del PP, Paco Núñez, desvía el problema a Portugal. La gran pregunta es, ¿por qué no se han tomado medidas? Si cuenta con embalses en máximos históricos, ¿por qué hay un tramo urbano en Toledo con islotes al aire, secándose, como hacía años? Analicemos la paradoja.
Un río entre dos fotos. Marzo de 2025: la estación de la Casa del Diamantista registra picos de 267,6 m³/s, el mayor caudal del Tajo en Toledo en al menos una década, según datos de la propia Confederación. Esa crecida supera los más de 200 m³/s de la DANA de 2023 y se acerca a registros de 227 m³/s de 2018 y 176 m³/s de 2016, recogidos en la serie histórica consultable en el SAIH Tajo.
Pero si retrocedemos en el archivo, el contraste es bastante curioso: las grandes inundaciones de 1947 y 1876 en la ciudad superaron los 2.900 y 3.200 m³/s. Es un Tajo que ya no existe. La media histórica de caudal en ese punto ronda los 40–42 m³/s, muy lejos tanto de las riadas como de las imágenes actuales de “charco” que se puede vadear.
De riadas históricas y el hilo del agua. Agosto de 2024 y 2025 dejaban otra imagen: islas de tierra, fondo expuesto, barca de pasaje casi en seco y gente cruzando por la zona del embarcadero. “Río lamentable”, decían. Cuando se tomaron aquellas fotos, el caudal había bajado en minutos de unos 23 m³/s a apenas 12,8 m³/s, por debajo del mínimo ecológico fijado para ese tramo.
La Cátedra del Tajo, con datos del Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) en la Casa del Diamantista, rebajó el alarmismo, aludiendo que el caudal medio horario esos días oscila entre 14,7 y 32,7 m³/s, valores similares a los que se vienen registrando desde los años 80. El problema, señalan, está en que el río ya no se “disfraza” de lámina continua porque el azud de Santa Ana reventó en septiembre de 2023 y ha dejado de retener agua. Y Beatriz Larraz, directora de la Cátedra del Tajo UCLM-Soliss, decía hace un par de meses que solo el 16,7% de la inversión establecida para recuperar el río se había ejecutado.
Embalses llenos, cauce vacío. En el año hidrológico 2024–2025, la cuenca del Tajo cerró con 649 mm de precipitación media y un volumen embalsado del 85,98%, unos 9.501,64 hm³, récord desde que hay registros. Cinco embalses de Guadalajara tuvieron que evacuar agua a la vez en marzo tras la sucesión de borrascas, con estaciones de aforo en Henares, Tajo, Tajuña y Jarama rozando el nivel rojo.
La propia CHT habló de “volumen sin precedentes” y de una cuenca muy por encima de la media nacional de agua almacenada. En lenguaje llano: arriba hay agua de sobra, abajo el paisaje parece de río pobre y cansado, porque el problema no es solo cuánto llueve, sino cómo, cuándo y dónde se suelta cada metro cúbico.
El trasvase Tajo-Segura, el ruido de fondo. Ese “cómo” y “dónde” suele revestirse de marchamo político: el Trasvase Tajo-Segura. Entrepeñas y Buendía suman una capacidad conjunta de unos 1.508 hm³; desde ellos salen las derivaciones hacia el Levante bajo un régimen de niveles y reglas definido en el Plan Hidrológico Nacional de 2001 y retocado en varias ocasiones.
En el año hidrológico 2022–2023 se trasvasan 213 hm³ a la cuenca del Segura, 123 hm³ para regadío y 90 hm³ para abastecimiento urbano, cifras recogidas en la memoria de la Comisión Central de Explotación. En 2023–2024, con aportaciones en cabecera superiores a la media reciente, la Comisión llegó a autorizar para algunos meses trasvases discrecionales de entre 0 y 20 hm³, dentro de un sistema que se mueve entre niveles 2 y 3. Este es el umbral donde el trasvase se reduce, pero nunca se corta.
Los informes de comunidades de regantes y síntesis ejecutivas del Ministerio advierten: el ajuste técnico que rebajó el nivel 2 de 38 a 27 hm³ mensuales y la subida de caudales ecológicos van a recortar los volúmenes “en origen” desde una media histórica de 328 hm³/año hasta cifras de 211 y 152 hm³/año en los horizontes 2027 y 2039. Es el choque estructural: lo que la cabecera puede dar, lo que el Levante quiere mantener, lo que el propio río necesita para seguir vivo.
Caudal ecológico: el mínimo vital. Hablemos justo de eso, de vida. El Tajo era el único gran río español sin un caudal mínimo ecológico regulado y dependía de la vieja ley del trasvase. El Plan Hidrológico del Tajo 2022–2027, aprobado en Consejo de Ministros y publicado en el BOE en febrero de 2023, fija por primera vez una garantía progresiva: a su paso por Aranjuez, el caudal debe subir desde los antiguos 6 m³/s a un mínimo de 8,65 m³/s en 2027.
En Toledo el salto es más duro: los 10 m³/s ambientales recogidos en planes anteriores tendrán que crecer hasta 17,25 m³/s, y en Talavera el objetivo son 18 m³/s, según las tablas oficiales de la Confederación. Ecologistas en Acción recuerda en su análisis del nuevo plan que los propios técnicos de la CHT hablaron de un “caudal científico” en Aranjuez de unos 10,86 m³/s. Es decir, el escalonado actual es una solución política que sigue por debajo de lo que la Directiva Marco del Agua exigiría para recuperar el río.
El azud roto y las incongruencias. Volvamos a la imagen de Toledo “cruzable”. Los datos del SAIH para la primera semana de julio de 2024 mostraban caudales entre 45 y 60 m³/s, muy por encima del mínimo ecológico de 13,1 m³/s fijado para primavera en ese tramo. Una foto no cuenta que el río sigue moviendo volúmenes normales para un agosto de las últimas décadas.
Pero sí, exigir 8,65 m³/s al Tajo en Aranjuez con aportaciones naturales de 617 hm³/año es una incongruencia, cuando otros ríos con más caudal, como el Júcar o el Jarama, tienen mínimos legales inferiores. La aritmética del mínimo vital se ha convertido en arma arrojadiza entre gobiernos autonómicos y plataformas ciudadanas.
La alerta permanente. La Talavera de un puente romano (o medieval) roto vive el río como amenaza directa. En marzo de 2025, el alcalde hablaba de un caudal “histórico e impresionante” cuando el Tajo alcanza 1.400 m³/s. Recuerdo el reparto de sacos de tierra, la situación parecía apocalíptica. Sin embargo, en febrero de 2026, la estación de El Tejar fue peor; llegaron los avisos ES-Alert a los móviles de vecinos de Escalona, Alberche y Santa Cruz de Retamar. Aquellos días no se podría cruzar el puente Alcántara y San Martín.
Quiero decir, ¿no estamos, entonces, ante un paisaje de contradicciones? ¿Es inviable ordenar este caudal irregular? Pero claro, nada de esto ocurre en vacío climático. “Reto demográfico” figura al lado de “transición ecológica”. La propia Cátedra del Tajo calcula que, desde la puesta en marcha del trasvase, el caudal medio de agosto a su paso por Toledo se ha reducido casi a la mitad: de unos 40,5 m³/s antes del ATS a valores en torno a 20 m³/s, por la suma de derivaciones y menor aportación natural. Los informes de MITECO sobre sequía prolongada son claros.
Y la calidad del agua. El Tajo recoge aguas residuales de Madrid a través del Jarama, con episodios de espumas y contaminación regalo de la gran área metropolitana. Solo crecidas como las de marzo de 2025 logran diluir, de golpe, contaminantes que las depuradoras no pueden procesar en picos de lluvia.
El autor de la foto que pone cabecera a este artículo lo resumía así: “Inexplicable que, tras un invierno húmedo, con embalses de cabecera a buena capacidad, sí haya agua para determinados usos (trasvase, producción de electricidad), pero no para mantener el caudal ecológico en el tramo medio. Lo de la pésima depuración en la CAM, para otro día”. Vadeable o no, el asunto va mucho más allá de los niveles de caudal. Quedarnos atrapados en cifras que hablen de abundancia o agotamiento no es suficiente.
Imágenes | Carmen Ibáñez / Rafael Camarillo
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La noticia
Hace un año, el Tajo marcó un caudal máximo histórico. Este verano se puede cruzar a pie en Toledo
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Isra Fdez
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