El género extraction lleva unos años creciendo a buen ritmo. Títulos como Escape from Tarkov demostraron que la tensión de entrar en una partida sabiendo que cualquier error puede hacernos perder todo el botín funciona especialmente bien cuando cada combate tiene consecuencias. Poco a poco han ido apareciendo propuestas que trasladan esa misma fórmula a otros contextos, y una de las tendencias más recientes consiste en abandonar los escenarios militares para apostar por mundos de fantasía medieval. Es precisamente ahí donde entra Mistfall Hunter.
Historia: un mundo devastado por la niebla
Jugabilidad: cuando cada expedición importa
Gráficos: una ambientación conseguida que aún tiene margen para pulirse
Rendimiento: necesita bastante trabajo, tanto en optimización como en la infraestructura online
Audio: correcto, aunque sin grandes alardes
Precio: dependerá de cómo evolucione con el tiempo
Conclusión: una propuesta con mucho potencial que todavía necesita madurar
Mistfall Hunter es el nuevo proyecto de Bellring Games. En lugar de fusiles y equipamiento táctico, aquí nos encontramos con espadas, escudos, arcos, magia y criaturas surgidas de un universo de fantasía oscura. La estructura, sin embargo, sigue siendo reconocible: entramos en una expedición, exploramos el escenario, derrotamos enemigos controlados por la IA y otros jugadores, conseguimos equipamiento y tratamos de escapar con vida antes de perderlo todo.
Vista del personaje principal en Mistfall Hunter ante un monumento de piedra, rodeado de cumbres escarpadas y elementos de la interfaz del juego. Foto: HardZone.es
La verdad es que, en los trailers, la idea resulta muy atractiva. El mercado todavía no cuenta con demasiados exponentes de este subgénero, y Mistfall Hunter intenta diferenciarse apostando por un combate mucho más pausado que el habitual en los extraction shooters, acercándose en cierto modo al ritmo de un RPG de acción clásico. No llega a convertirse en un soulslike, pero sí toma prestadas algunas ideas, especialmente en el peso de cada golpe, la importancia del posicionamiento y la necesidad de medir bien cuándo atacar y cuándo reservar energía para esquivar o defendernos.
Historia: un mundo devastado por la niebla
Mistfall Hunter no pretende contar una historia especialmente compleja ni desarrollar una campaña tradicional como la que encontraríamos en un RPG para un solo jugador. La narrativa sirve principalmente como contexto para justificar las expediciones y el estado del mundo. La acción transcurre en un reino consumido por una misteriosa niebla que ha transformado por completo el entorno y a muchas de las criaturas que lo habitan. Las antiguas civilizaciones han desaparecido prácticamente por completo y los pocos supervivientes intentan abrirse paso entre ruinas, fortalezas y escenarios plagados de monstruos mientras buscan recursos con los que seguir sobreviviendo.
Vista del escenario de Mistfall Hunter, donde el jugador se aproxima a un muelle en una zona de costa con neblina y montañas de fondo. Foto: HardZone.es
Nosotros asumimos el papel de uno de los llamados Hunters, guerreros capaces de adentrarse en estas zonas contaminadas para recuperar reliquias, materiales y equipamiento antes de regresar a salvo. Esa premisa encaja perfectamente con la estructura extraction del juego y evita tener que justificar artificialmente por qué repetimos una y otra vez las mismas incursiones.
La narrativa se desarrolla principalmente mediante conversaciones, descripciones de objetos y pequeños fragmentos de información repartidos por el mundo. No hemos encontrado una campaña especialmente protagonista durante nuestras horas de juego, sino más bien un universo que sirve como hilo conductor para las partidas. Es una decisión bastante habitual dentro del género y que probablemente resultará suficiente para quienes busquen centrarse en el combate y la progresión de su personaje.
El diseño artístico ayuda además a reforzar esa sensación de decadencia permanente. Castillos derruidos, criptas, aldeas abandonadas y parajes envueltos por la niebla construyen una ambientación coherente con el tono oscuro que Bellring Games quiere transmitir desde el primer momento.
Jugabilidad: cuando cada expedición importa
Donde Mistfall Hunter concentra prácticamente todo su interés es en su jugabilidad. El bucle principal resulta sencillo de entender, aunque esconde bastantes sistemas una vez empezamos a profundizar. Cada incursión comienza con la preparación de nuestro personaje. Antes de entrar debemos decidir qué equipamiento llevar, ya que todo aquello que transportemos puede perderse si morimos durante la partida. Esa gestión previa añade un componente estratégico constante: ¿merece la pena arriesgar nuestra mejor armadura para intentar conseguir un botín más valioso o es preferible utilizar equipo más modesto y minimizar pérdidas?
Vista detallada del sistema de equipo y gestión de objetos de Mistfall Hunter, donde se aprecia el modelo del personaje junto a las casillas de armadura y armas. Foto: HardZone.es
Una vez dentro del escenario comienza la exploración. Encontramos enemigos controlados por la inteligencia artificial, cofres, recursos, materiales y otros jugadores que persiguen exactamente el mismo objetivo que nosotros. En cualquier momento, una expedición aparentemente tranquila puede convertirse en un enfrentamiento contra otro grupo que también intenta escapar cargado de objetos valiosos.
Interfaz de usuario y entorno de juego en Mistfall Hunter, mostrando la exploración de ruinas tras un enfrentamiento. Foto: HardZone.es
Ese riesgo permanente es precisamente lo que mantiene la tensión durante buena parte de la partida, ya que nunca terminamos de sentirnos completamente seguros. Incluso después de derrotar a un enemigo especialmente complicado seguimos mirando alrededor antes de recoger el botín por si otro jugador ha escuchado el combate y decide aprovechar nuestra situación.
El sistema de combate apuesta por un ritmo deliberadamente pausado. Los ataques tienen peso, las animaciones requieren cierto compromiso y no basta con pulsar botones sin pensar. Gestionar la distancia, bloquear en el momento adecuado o calcular cuándo esquivar suele resultar bastante más importante que intentar atacar constantemente.
Vista en tercera persona de un personaje utilizando habilidades mágicas de combate a distancia en un entorno rocoso de Mistfall Hunter. Foto: HardZone.es
No llega a alcanzar la exigencia de un Souls (ni creemos que sea esa su intención), pero sí transmite una sensación de combate mucho más táctico que la de otros juegos del género. Dependiendo de la clase elegida también cambia considerablemente la forma de afrontar cada enfrentamiento, ya sea apostando por armas cuerpo a cuerpo, ataques a distancia o habilidades mágicas. Precisamente, las clases constituyen otro de los pilares del juego. Cada una dispone de su propio estilo de combate y de habilidades específicas, lo que favorece que las partidas cooperativas resulten bastante más interesantes que afrontar siempre las expediciones en solitario.
La progresión tampoco se limita únicamente a encontrar armas con mejores estadísticas. Poco a poco vamos obteniendo nuevo equipamiento, recursos y objetos que amplían nuestras posibilidades de personalización, incentivando ese clásico «una partida más» tan característico de los extraction RPG. Cada expedición exitosa deja la sensación de haber avanzado un poco más, mientras que una derrota importante puede hacernos replantear completamente la siguiente incursión.
Menú de resultados en Mistfall Hunter tras una extracción exitosa, donde se detallan los puntos de experiencia obtenidos y el progreso del personaje. Foto: HardZone.es
Eso sí, también hemos notado que Mistfall Hunter exige cierta paciencia, sobre todo durante las primeras horas. Entre los tutoriales, la cantidad de sistemas que presenta y la necesidad de comprender cómo funciona la economía del juego, el comienzo puede resultar algo más lento de lo deseable. Una vez interiorizamos todas esas mecánicas, el ritmo mejora considerablemente y el verdadero atractivo del juego empieza a aparecer, pero ese primer contacto quizá podría estar mejor planteado para nuevos jugadores.
Bellring Games ha conseguido trasladar con bastante acierto la filosofía de los extraction shooters a un universo de fantasía medieval. La mezcla funciona mejor de lo que esperábamos y consigue ofrecer partidas donde siempre existe esa tensión constante de decidir si seguimos explorando para conseguir un mejor botín o ponemos fin a la expedición antes de perderlo absolutamente todo.
Gráficos: una ambientación conseguida que aún tiene margen para pulirse
Uno de los aspectos que más nos ha gustado de Mistfall Hunter desde los primeros minutos es su apartado artístico. Bellring Games no ha intentado competir con las grandes superproducciones apostando por un despliegue técnico espectacular, sino que ha preferido construir una identidad visual propia basada en una ambientación de fantasía oscura muy coherente de principio a fin.
Interfaz de usuario y exploración de escenarios en el videojuego Mistfall Hunter. Foto: HardZone.es
Los escenarios transmiten continuamente esa sensación de decadencia que plantea la historia. Fortalezas semiderruidas, criptas, bosques envueltos por la niebla y pueblos abandonados forman mapas con bastante personalidad, donde la iluminación y el uso de las sombras ayudan a generar una atmósfera de tensión constante. Al tratarse de un juego en el que nunca sabemos cuándo puede aparecer otro jugador, esa ambientación juega un papel importante para mantener la incertidumbre incluso cuando aparentemente no está ocurriendo nada.
El diseño de las criaturas también resulta convincente. Sin recurrir a enemigos especialmente originales, consigue ofrecer suficiente variedad visual para que cada expedición no dé la sensación de estar enfrentándonos continuamente al mismo tipo de rival. Además, las distintas clases de personajes presentan un estilo bastante diferenciado, tanto en armaduras como en armas, algo que facilita identificar rápidamente a otros jugadores durante los combates.
Un jugador interactúa con un muro de energía mágica en un entorno subterráneo de Mistfall Hunter. Foto: HardZone.es
Donde sí encontramos algunas limitaciones es en determinados elementos del acabado técnico. Algunas texturas presentan una resolución algo irregular cuando nos acercamos demasiado, ciertas animaciones podrían ser algo más naturales y, en ocasiones, la calidad de algunos modelados secundarios queda un escalón por debajo de la conseguida en los personajes principales. También nos han chirriado algunas animaciones del personaje como, por ejemplo, los saltos.
No son problemas especialmente graves ni afectan directamente a la jugabilidad, pero sí dejan la sensación de que todavía existe margen para seguir refinando el apartado visual mediante futuras actualizaciones.
Rendimiento: necesita bastante trabajo, tanto en optimización como en la infraestructura online
Antes de hablar del rendimiento conviene hacer una aclaración importante: nuestra intención inicial era analizar Mistfall Hunter en Xbox Series X, pero nos fue completamente imposible acceder al juego. Cada intento terminaba exactamente igual: una pantalla de «Conectando» que nunca llegaba a completarse. Pensando que podía tratarse de un problema puntual de la consola, decidimos instalar también la versión de Xbox para PC. Sin embargo, el resultado fue exactamente el mismo: el cliente permanecía bloqueado durante el proceso de conexión y no conseguía acceder a los servidores. Nuestra compañía es O2, con una conexión de 1 Gbps y conectada tanto la Xbox como el PC por cable, por lo que problema de Internet no es.
El título oficial de Mistfall Hunter aparece centrado sobre un fondo oscuro. Foto: HardZone.es
Después de realizar varias pruebas descubrimos una solución bastante peculiar: desconectar completamente nuestra conexión habitual a Internet y utilizar el punto de acceso 4G del teléfono móvil. Solo de esa manera conseguimos iniciar sesión y empezar a jugar con normalidad. Desconocemos el motivo exacto de este comportamiento, pero durante todos los días que duraron nuestras pruebas fue la única forma de acceder al juego.
Una vez dentro utilizamos un equipo formado por un AMD Ryzen 9 7900X3D, una NVIDIA GeForce RTX 5080, 64 GB de memoria DDR5 y una unidad SSD NVMe, jugando en resolución ultrapanorámica de 3440 × 1440 píxeles, con la calidad gráfica configurada al máximo y DLSS activado. Un equipo de estas características debería mover Mistfall Hunter sin la menor dificultad. Y, en parte, así ocurre, ya que durante buena parte de la exploración el contador de imágenes por segundo alcanza con facilidad los 90 FPS con la configuración recomendada, ofreciendo una experiencia muy fluida. El problema es que esa estabilidad desaparece con bastante frecuencia. Además, el juego no está exento de errores relacionados con Unreal Engine.
Captura de pantalla de Mistfall Hunter que muestra una ventana emergente de error técnico durante una partida en un entorno boscoso. Foto: HardZone.es
A lo largo de nuestras pruebas hemos sufrido caídas de rendimiento, pequeñas congelaciones y variaciones continuas en la tasa de imágenes que rompen la sensación de fluidez. No llegan a convertir el juego en injugable, pero sí resultan demasiado frecuentes para un equipo de esta gama. Ahora bien, existe un matiz importante. Al haber jugado obligatoriamente utilizando una conexión 4G para poder acceder a los servidores, no podemos asegurar hasta qué punto parte de estos problemas están relacionados con la propia conexión o con la optimización del juego. Es posible que algunos de esos pequeños tirones tengan su origen en la comunicación con los servidores y no exclusivamente en el rendimiento gráfico. Precisamente por ello preferimos no señalar una única causa, aunque el resultado final sigue siendo el mismo: la experiencia técnica todavía necesita bastante trabajo.

