Si hay un choque cultural que los españoles sufrimos al cruzar los Pirineos, no son los horarios de las comidas ni el idioma, sino la dolorosa ausencia de persianas e incluso de aires acondicionados. En condiciones normales, es una simple anécdota arquitectónica, pero durante una ola de calor sostenida como las que estamos viviendo, se convierte en una cuestión de salud pública.
Un nuevo remedio. Durante las últimas semanas de junio y principios de este julio, Francia y Alemania han visto cómo los termómetros rebasaban la peligrosa barrera de los 40 °C. Unas temperaturas para las que estos países no estaban preparados, y es por eso que están recurriendo a diferentes remedios caseros, como por ejemplo forrar los cristales con papel de aluminio de cocina o mantas térmicas.
Dos medidas que responden a la desesperación de ver cómo sus casas se calientan y no tienen una barrera como podemos tener en España para bloquear el impacto del sol directo. Pero además, también estamos viendo cómo el calor se está convirtiendo en un arma política, con diferentes partidos prometiendo fondos de ayuda millonarios para que los ciudadanos puedan instalar aires acondicionados.
Tiene lógica. Tanto viviendas particulares como algunos hospitales en París se han sumado a esta iniciativa ante la falta de sistemas de aire acondicionado, y no es una simple excentricidad de TikTok, sino que tiene bastante sentido. El motivo está en que el aluminio tiene una reflectancia altísima, siendo capaz de rebotar entre el 95% y el 98% de la radiación solar.
De manera normal, cuando la luz del sol atraviesa un cristal desnudo, la energía se convierte en calor al chocar con el suelo y los muebles interiores, creando el temido «efecto invernadero». Al colocar papel de aluminio o mantas térmicas en los cristales, la radiación rebota antes de calentar la estancia. Un simple gesto que puede reducir la temperatura interior entre 5 y 7 ºC, que es una diferencia abismal que reduce bastante la incomodidad por unas temperaturas tan elevadas.
No es infalible. Convertir el salón de casa en una especie de nave espacial no es la panacea arquitectónica ni está exento de problemas. Aquí Vicent Parasie, arquitecto francés, en declaraciones recogidas por La Vanguardia apunta que esta es una «solución de emergencia, económica y superficial, ya que no altera la vivienda».
El arquitecto advierte que estos parches nunca podrán sustituir a elementos de protección solar adecuados o a un buen aislamiento. De hecho, apunta que si el aluminio se coloca por el interior y sin el espacio adecuado, la radiación térmica rebota y queda atrapada en el propio vidrio. Esto provoca un sobrecalentamiento extremo del cristal que, en casos de estrés térmico severo, puede llegar a fracturarlo o estallar. Por otro lado, si se coloca por fuera, el aluminio doméstico se deteriora rápidamente por la intemperie.
La solución española. Todo este fenómeno ha puesto de manifiesto la enorme ventaja estructural del sur de Europa frente a los nuevos escenarios climáticos. Y es que la diferencia entre España y Francia ante este tipo de episodios extremos de calor radica principalmente en nuestra mejor respuesta a una adaptación arquitectónica y cultural que ya traemos de serie.
Nuestras persianas o toldos, mallorquinas son tecnología de primera línea contra el calor. Como hemos visto, el simple gesto de bajar un toldo o una persiana es capaz de rebajar la temperatura interior en 4 o 5 ºC de forma segura y también duradera.
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La noticia
Francia se asfixia a 40 °C y sin persianas: su solución a la desesperada es forrar las ventanas con papel de aluminio
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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