En 1979, la estación espacial Skylab se desintegró sobre Australia Occidental y dejó tantos restos repartidos por el terreno que las autoridades de la localidad de Esperance decidieron multar a la NASA con 400 dólares australianos por «tirar basura». La sanción nació como una broma, pero terminó convirtiéndose en uno de los episodios más curiosos de la historia de la exploración espacial.
Un hallazgo que nadie esperaba. Los vecinos de Forrest Beach, una pequeña localidad del estado australiano de Queensland, pensaron primero en una broma, luego en un accidente y hasta hubo quien hizo chistes sobre ovnis.
Sin embargo, la aparición de seis grandes esferas metálicas en la orilla terminó movilizando a bomberos, especialistas en materiales peligrosos y a la Agencia Espacial Australiana. Lo que parecía un objeto extraño arrastrado por el mar apuntaba, en realidad, hacia un origen mucho más insólito.
Del espacio. Las primeras inspecciones indican que las esferas son recipientes a presión utilizados en cohetes espaciales para almacenar gases y propelentes durante el lanzamiento o las operaciones en órbita. Aunque las autoridades todavía trabajan para identificar de forma definitiva el vehículo del que proceden, consideran que son compatibles con restos de un lanzador extranjero que reentró recientemente en la atmósfera.
Esa hipótesis explica tanto su forma como el material con el que están fabricadas y el hecho de que aparecieran varias piezas similares en la misma zona costera.
Space Balls. Los expertos creen que podrían tratarse de las conocidas como «space balls», unos depósitos esféricos fabricados con aleaciones de titanio capaces de soportar temperaturas extremadamente elevadas.
A diferencia de la mayor parte de un cohete, que suele desintegrarse durante la reentrada, estos recipientes pueden sobrevivir al calor y terminar cayendo sobre la Tierra incluso años después del lanzamiento. De hecho, constituyen uno de los tipos de basura espacial que con más frecuencia aparecen en distintos lugares del planeta.
El verdadero riesgo. Al parecer, las autoridades no acordonaron la playa por miedo a un meteorito ni por temor a un artefacto explosivo. La preocupación estaba en que estos depósitos podrían conservar restos de hidracina, un combustible para cohetes extremadamente tóxico.
Por ese motivo, los equipos especializados recuperaron las esferas utilizando protocolos para materiales peligrosos y pidieron a la población que no manipulara ningún objeto similar que pudiera aparecer en los próximos días.
Cada vez caerán más. El incidente también refleja un fenómeno mucho más amplio. En los últimos cinco años se han realizado más lanzamientos espaciales que en toda la historia anterior de la exploración espacial, lo que implica un aumento paralelo del número de reentradas de etapas de cohetes y satélites.
La mayoría de esos restos termina desintegrándose o cae al océano, pero algunos componentes especialmente resistentes logran sobrevivir y alcanzar tierra firme.
Australia ya lo conoce. Porque no es la primera vez que Australia recibe la visita inesperada de restos espaciales. En 1979, fragmentos de la estación espacial Skylab cayeron sobre Australia Occidental y, en 2022, aparecieron piezas identificadas como parte de una cápsula Dragon de SpaceX.
La diferencia es que las seis esferas de Forrest Beach llegaron todas juntas y despertaron tal curiosidad que los comercios locales aprovecharon el revuelo para vender cajas de comida inspiradas en la «basura espacial». Entre bromas sobre extraterrestres y fotografías para las redes sociales, el episodio ha servido para recordar que, con la creciente actividad espacial, encontrar objetos llegados del cielo será probablemente cada vez menos excepcional.
Como zanja la arqueóloga Alice Gorman: «Vamos a ver cada vez más casos como este: cuantos más cohetes se lancen, más basura espacial habrá».
Imagen | Forrest Beach Takeaway
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La noticia
«Vamos a ver cada vez más casos como este”. Hay seis misteriosas esferas en una playa de Australia, y todo apunta a que vinieron del espacio
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
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