Los despidos anunciados esta semana en Xbox han vuelto a sacudir a la industria del videojuego. Estudios afectados, proyectos cancelados y cientos de empleados que pierden su trabajo son la parte más visible de una situación que, por desgracia, empieza a resultar ya habitual dentro de Microsoft. Sin embargo, todo esto parece solo la punta del iceberg, y es que para nosotros al menos, lo realmente complicado ahora mismo es intentar entender qué estrategia o plan tiene Xbox.
Cuando Asha Sharma se puso a los mandos de la compañía gaming de Microsoft, todo parecía estar muy claro: fomentar la imagen de marca, incentivar Game Pass, volver a los exclusivos y darle a los jugadores lo que llevan tiempo pidiendo. Pero al final, todo esto ha resultado ser promesas vacuas y humo, porque la realidad es que lo único plasmable ahora mismo es una sensación de incertidumbre en la que nadie sabe hacia dónde va a tirar la compañía.
Xbox ha cambiado tantas veces el rumbo que cuesta seguirle el ritmo
Hace apenas unos años, el mensaje parecía claro: Microsoft quería construir el mayor ecosistema de videojuegos del mercado. Game Pass era el centro de toda la estrategia, las adquisiciones multimillonarias de Bethesda y Activision Blizzard reforzaban la apuesta por el contenido propio, y el discurso giraba en torno a ofrecer la mejor relación calidad-precio para los jugadores. Incluso la idea de las exclusividades parecía dejar de tener sentido.
Asha Sharma, nueva CEO de Xbox. Foto: TheInformation
Sin embargo, desde la llegada de Asha Sharma esta narrativa ha perdido toda su fuerza. Primero llegaron los juegos exclusivos que comenzaron a publicarse en otras plataformas, una jugada que les salió bien. Después aparecieron las dudas sobre el futuro del hardware, su Project Helix del que todavía no sabemos nada. Más tarde se confirmó que algunas de las franquicias más importantes de Xbox también acabarían llegando a PlayStation, y mientras tanto, Game Pass seguía creciendo pero se encareció para luego volver a bajar pero quitando juegos triple A.
Todo esto ha generado una situación que, como poco, es difícil de interpretar. ¿Quiere Microsoft seguir vendiendo consolas? ¿Quiere convertirse en el mayor editor multiplataforma del mundo? ¿Su prioridad es la nube? ¿Es Game Pass el futuro o simplemente una pieza más dentro de una estrategia más amplia? Ninguna de esas preguntas tiene hoy una respuesta completamente clara, y lo que parece evidente es que Asha Sharma tampoco lo tiene claro.
La incertidumbre es mala para todos, Xbox y sus jugadores
Es cierto que las empresas cambian constantemente de estrategia, y no es algo exclusivo del sector del videojuego. Pero lo que sí es llamativo es la velocidad con la que Xbox está cambiando su discurso: en apenas unos años han pasado de defender firmemente las exclusividades como elemento diferenciador a abrazar una estrategia claramente multiplataforma. Ha invertido decenas de miles de millones en adquirir estudios mientras, al mismo tiempo, cancela proyectos y cierra equipos que llevaban años en desarrollo.
Asha Sharma da un discurso ante los trabajadores de Xbox. Foto: Xbox
Desde un punto de vista financiero, algunas de estas decisiones podrían estar justificadas. La compra de Activision Blizzard elevó enormemente la presión financiera de la compañía, y es lógico que Microsoft busque optimizar los costes. Pero el problema no es que haya que realizar ajustes, es que da la sensación de que cada movimiento que hacen siempre responde a una necesidad de última hora, no a algo planificado, y por supuesto sin una estrategia coherente que permita entender el conjunto.

