Xataka – Las centrales nucleares de España tienen estos días un nuevo problema: hace demasiado calor

España vuelve a sudar. Las temperaturas extremas de este final del mes de junio han disparado las alarmas en buena parte del país, y el parque nuclear español, responsable de cerca del 20% de la electricidad que consumimos, no es ajeno a este fenómeno. Sin embargo, conviene aclarar algo desde el principio: que una central reduzca su potencia o se detenga durante una ola de calor no tiene nada que ver con un fallo de seguridad.

Los siete reactores nucleares en operación en España (Almaraz I y II, Ascó I y II, Cofrentes, Trillo y Vandellós II) llevan varias décadas lidiando con veranos exigentes, y sus sistemas de refrigeración fueron diseñados precisamente pensando en escenarios como este. El Consejo de Seguridad Nuclear publica en tiempo real el estado operativo de cada planta, así que cualquier persona puede comprobar cómo están respondiendo.

La clave está en el circuito de refrigeración exterior, encargado de evacuar hacia el ambiente el calor disipado por el proceso de generación de la electricidad. En las centrales de agua a presión, como Almaraz, Ascó y Vandellós II, este circuito es el tercero de la instalación, independiente del primario (que rodea el núcleo) y del secundario (que mueve la turbina). Cofrentes, la única central española con reactor de agua en ebullición, tiene una arquitectura distinta, de ciclo directo, pero también depende de ese mismo circuito exterior para enfriar el condensador. Y aquí es donde cada planta juega sus propias cartas según su ubicación geográfica.

Tres formas de combatir el calor

Ascó I y II, Cofrentes y Trillo se nutren de agua de río, pero no la devuelven directamente al cauce tras usarla. Antes pasa por las torres de refrigeración, esas estructuras de más de 160 metros de altura que tantas veces hemos descrito al explicar el funcionamiento interno de una central nuclear, y que disipan el calor al aire por convección y evaporación antes de realizar cualquier vertido. Esto reduce drásticamente la cantidad de agua que necesitan extraer del río, hasta veinte o treinta veces menos que si no contasen con esa torre.

El mar tiene una estabilidad térmica muy superior a la de un río

Almaraz representa un caso particular porque no depende del caudal de un río natural. Utiliza el embalse artificial de Arrocampo, concebido como un sistema cerrado que actúa de gran intercambiador térmico. Esa independencia del régimen fluvial le permite seguir operando con normalidad incluso cuando las temperaturas se disparan, algo especialmente relevante en una central que será la primera en apagarse: Almaraz I cerrará en noviembre de 2027 según el calendario actual del Gobierno.

Vandellós II tira de otro recurso: el agua del Mediterráneo. El mar tiene una estabilidad térmica muy superior a la de un río, así que absorbe el calor sin que su temperatura suba de forma apreciable. Y, además, varía mucho menos durante las olas de calor. Es la misma lógica termodinámica que explica por qué tantas centrales del mundo, desde las que se refrigeran con agua de mar hasta las que recurren a circuitos cerrados como el de Almaraz, priorizan la estabilidad térmica del foco frío sobre cualquier otra consideración.

Cuando la seguridad obliga a frenar

Lo que sí puede ocurrir, y de hecho ocurre con cierta frecuencia durante los veranos más estrictos, es que una central nuclear reduzca su potencia o pare temporalmente. La razón no es proteger el reactor, sino el ecosistema acuático. Y es que la normativa limita la temperatura a la que puede devolverse el agua a un río o al mar, y si esos límites están cerca de superarse la instalación prefiere bajar el ritmo antes que incumplirlos. Es una decisión ambiental, no una emergencia de seguridad.

Mientras tanto, el reloj del apagón nuclear español sigue corriendo en paralelo a estos episodios de calor extremo. El calendario vigente arranca en 2027 con Almaraz I, seguido de Almaraz II en 2028. En 2030 les tocará el turno a Ascó I y Cofrentes; Ascó II cerrará en 2032; y el proceso se cerrará en 2035 con Vandellós II y Trillo, las dos últimas plantas en apagarse. Hasta entonces cada verano será una prueba más de resistencia para un parque que sigue aportando una quinta parte de la electricidad nacional.

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Laura López

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