El verano ya está prácticamente aquí y los termómetros no paran de subir con una ola de calor que está a las puertas de nuestro país. Pero más allá del insufrible calor, otra de las sensaciones que podemos experimentar en estas fechas es la pérdida del apetito o incluso vemos cómo nuestras digestiones se hacen más pesadas cuando comemos algo pesado. Y es que detrás de esa predilección por las ensaladas y el rechazo a los platos pesados se esconde un sofisticado mecanismo de supervivencia termorreguladora que la ciencia lleva años estudiando.
Un consejo de abuela. Cuando llegan estas épocas, aparecen en la mesa las comidas ligeras como las tan queridas ensaladas de pasta, pero la realidad es que no es un consejo tradicional, sino que es la recomendación respaldada por la evidencia científica para evitar el estrés térmico, optimizar nuestro metabolismo y proteger nuestra salud cardiovascular. Es por ello que en estos meses venideros las comidas más copiosas deberían quedar un poco más apartadas por nuestra propia salud.
El motor interno. Para entender las razones de por qué hay que optar por comidas ligeras, tenemos que irnos al interior de nuestro organismo. Aquí cuando comemos, nuestro cuerpo necesita gastar energía para digerirlos, absorberlos y metabolizarlos, y este proceso, conocido como termogénesis inducida por la dieta, genera calor interno.
De esta manera, cuando consumimos comidas grandes o muy calóricas, nuestro ritmo cardíaco se eleva y la producción de sangre llega a duplicarse durante las dos horas posteriores para asistir al sistema digestivo. Si a esta sobrecarga cardiovascular le sumamos una temperatura ambiental extrema que supera los 40 grados a veces, el cóctel puede ser peligroso.
Está estudiado. Un estudio publicado en 2022 demostró que una dieta alta en grasas aumenta drásticamente el estrés oxidativo en los músculos y duplica el riesgo de sufrir un golpe de calor cuando se expone a una temperatura de 41 °C. Y es que, como hemos mencionado antes, las digestiones pesadas provocan un mayor consumo de oxígeno y una generación de calor interno exacerbado que predispone al organismo al estrés térmico.
Lo más pesado. A todo esto hay que apuntar que comer en exceso o ingerir alimentos ricos en grasa saturadas durante el verano desencadena consecuencias inmediatas, como por ejemplo la sobrecarga digestiva. Esto ocurre básicamente porque el cuerpo trata de enviar sangre a la piel para poder enfriarse y reducir su temperatura corporal (por eso nos ponemos rojos) lo que retrasa el vaciado del estómago y hace que nos sintamos muy pesados.
Pero además, las comidas ricas en grasas pueden generar endotoxemia e inflamación tras terminar de comer, acompañadas de somnolencia que puede extenderse hasta cuatro horas después de la ingesta.
El consejo en verano. Frente a las digestiones pesadas, la ciencia señala un camino claro que deberíamos seguir: hidratación extrema, fibra y la dieta mediterránea. El histórico estudio PREDIMED confirmó que este patrón alimentario, naturalmente ligero y basado en grasas saludables y vegetales, reduce en un 30% la incidencia de enfermedades cardiovasculares y revierte el síndrome metabólico que puede emanar en verano.
Los objetivos. El primero de ellos está en la hidratación, que debe ser muy agresiva, pero no solo a través de la bebida, sino también a través de la comida. Aquí hay alimentos como el pepino o la sandía que tienen una composición superior al 90% de agua y que se presentan como herramientas fundamentales para mantener la temperatura basal.
Nuestra microbiota. Nuestras bacterias intestinales también sufren con los cambios de rutina veraniegos, como se vio en un estudio reciente del VHIR realizado con más de mil personas en España, que demostró que una dieta basada en frutas, verduras y frutos secos fomenta una microbiota mucho más diversa y previene la disbiosis. Por el contrario, los ultraprocesados, el alcohol y las bebidas azucaradas, que se pueden disparar en el verano, reducen la diversidad bacteriana, acercando nuestro intestino a patrones inflamatorios.
Imágenes | Lee Myungseong
En Xataka | Recalentar el mismo táper de comida en el microondas una y otra vez tiene un gran beneficiado: las bacterias
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La noticia
Tu cuerpo te quita el hambre a más de 40 grados por un motivo de pura supervivencia: evitar que te «cuezas» por dentro
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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