Stop Killing Games es una iniciativa que propone que, cuando un juego ya tiene cierta edad, y no es rentable para sus desarrolladores, no muera por completo, es decir, que, pese a que se apaguen servicios como el online, se pueda seguir jugando de alguna forma.
Y es que al comprar un juego, no somos dueños realmente de este, ya que si la empresa quiere cerrar parte de él en algún momento, no podemos hacer nada, y es precisamente lo que busca evitar este movimiento, el cual habría sido rechazado por Europa.
Europa rechaza el movimiento Stop Killing Games
La decisión de Europa ha caído como un jarro de agua fría entre muchos jugadores. Y es normal, porque la propuesta de Stop Killing Games era bastante realista, y no pedía nada loco, sobre todo si hablamos de la UE, a la cual le suelen gustar este tipo de cosas. Y es que solo queríamos que un juego, cuando ya no es rentable y van a apagar sus servidores, no desaparezca sin más. Que haya alguna forma de seguir jugándolo, aunque sea offline o con soluciones alternativas, como servidores mantenidos por la comunidad que lo desee.
Pero la realidad es otra. La Comisión Europea ha dejado claro que no va a meterse a regular esto, al menos por ahora. En lugar de obligar a las empresas a hacer algo, propone un código de conducta voluntario. Es decir, que las compañías actúen bien por iniciativa propia… si les compensa. Vamos, lo mismo que hasta ahora.
Las empresas hablan de propiedad intelectual, de costes, de que mantener o adaptar juegos antiguos no siempre es viable. Y oye, parte de razón tienen. Pero claro, desde el otro lado, el del jugador, la sensación es bastante distinta: pagas por un juego y, aun así, no tienes ninguna garantía de que vaya a seguir existiendo dentro de unos años.
???????? La Comisión Europea rechaza crear leyes para la iniciativa Stop Destroying Videogames.
????️ La excusa ya la avanzaron el día de la ponencia. Los «derechos de propiedad intelectual» de las empresas importan más que el consumidor. https://t.co/SGmyWwYc8L
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Cada vez más juegos funcionan como servicios, no como productos. No compras algo que es tuyo para siempre, sino un acceso que depende de que la empresa quiera mantenerlo activo. Y cuando deja de hacerlo, se acabó. Sin más.

