Comprar una isla privada no es tan fácil como parece. Sobre todo, si alguien ya la había comprado antes que tú. Eso es, a grandes rasgos, lo que la justicia estadounidense lleva discutiendo desde hace más de una década, cuando Larry Page compró dos de las cinco islas privadas que tiene en la zona de las Islas Vírgenes.
El caso tiene de todo un poco: sociedades que negocian en la sombra, un promotor inmobiliario neoyorquino furioso y a uno de los cofundadores de Google que, según los documentos que están saliendo a la luz en el juicio, hizo todo lo posible para que nadie supiera que era él quien compraba la isla. Doce años más tarde, la disputa por la propiedad de las islas sigue abierta, pero las islas, mientras tanto, siguen en manos de Larry Page.
Dos islas, dos compradores. Great Hans Lollik y Little Hans Lollik son dos pequeñas islas privadas en el archipiélago de las Islas Vírgenes de EEUU. Están a poco más de dos kilómetros de la costa norte de la isla principal, Saint Thomas, y se encuentran en un enclave privilegiado por estar rodeadas de arrecifes de coral y prácticamente deshabitadas, a excepción de unos rebaños de cabras invasoras.
En 2014, una empresa con sede en Palo Alto (California) apareció de la nada y compró las dos islas que estaban a la venta cerrando una operación de 23 millones de dólares, según recogía Business Insider. El problema es que un promotor de Nueva York llamado James Eckel, llevaba meses negociando la compra de la propiedad. Había llegado a ofrecer 9 millones de dólares. El trato no se había cerrado, pero él aseguraba tener un contrato que le otorgaba preferencia en la operación. Cuando la empresa de Palo Alto puso su generosa oferta sobre la mesa, el vendedor eligió los 23 millones y el promotor se quedó colgado. Eso no le sentó bien.
Juicio por negociar a sus espaldas. Desde la perspectiva de Eckel, el vendedor (una empresa llamada Liberty Bankers Life Insurance Company) se había comprometido con él mediante un contrato de venta, que luego ignoró al aparecer una oferta mejor. Así que fue a los tribunales a reclamar la propiedad de las islas. Lo que vino después ha sido una década de peregrinaje por los juzgados de Texas y de las Islas Vírgenes. En 2019, un tribunal de apelación de Texas falló que Eckel solo tenía derecho a una indemnización por daños económicos, pero no a la propiedad de las islas. Pero eso no cerraba el caso.
La family office que gestiona el patrimonio de Page y a través de la que se hizo la compra, demandó a la sociedad de Eckel (llamada Great Hans LLC) para que los tribunales declarasen de forma oficial que las islas le pertenecen sin ninguna carga legal, de forma que el promotor no pudiera reclamar de nuevo la propiedad en el futuro. Ese proceso sigue hoy sin resolverse, pese a que los abogados de Page llevan años pidiendo al juez que actúe.
La opacidad de las fortunas. Lo más llamativo del caso no es solo el litigio por la propiedad de las islas. Es el tiempo que tardó en saberse quién era el verdadero comprador de las propiedades por encontrarse tras un tupido entramado societario que protegía su identidad.
La empresa que adquirió las islas era Virgin Island Properties LLC, una sociedad de responsabilidad limitada sin un nombre propio detrás que revelara quién ponía el dinero con el se efectuaba la compra. De hecho, tal y como destacaba Business Insider, fueron necesarios meses de proceso judicial e investigaciones para que los abogados de Eckel pudieran llegar hasta Wayne Osborne, el hombre que gestiona el patrimonio de Page desde 2012.
Osborne confirmó entonces que la compra era para Page. En su declaración también explicó que las islas se habían adquirido sin intención de construir en ellas, y que el agente que negoció la operación (Gil Simon) no reveló al vendedor la identidad del comprador real. Es una práctica habitual en el funcionamiento de las sociedades que gestionan los grandes patrimonios como el del cofundador de Google: ningún documento de la operación mencionaba directa o indirectamente a Larry Page.
La family office más discreta del mundo tecnológico. Este juicio ha servido de ventana, aunque sea una muy pequeña, para ver cómo funcionan las estructuras de gestión de una de las family office más herméticas que existen…incluso para un ámbito tan discreto como es el de las family office. La sociedad que gestiona los 290.900 millones de dólares del segundo hombre más rico del mundo se llama Koop y tiene su sede en Palo Alto. Su filosofía es la opacidad total y para conseguirla, los empleados firman acuerdos de confidencialidad antes de entrar, los perfiles de LinkedIn son deliberadamente vagos y la seguridad interna la supervisa un ex agente de la CIA, tal y como se desvelaba en una investigación exclusiva de Business Insider en 2022.
Toda la sociedad se articula para que Page no aparezca en ninguno de los documentos de sus propias compras. Es decir, alejar lo máximo posible al millonario de sus posesiones, de forma que resulte complicado desentrañar el entramado societario que se teje entre la propiedad y quien realmente la posee.
De hecho, estas sociedades hacen tan bien su trabajo que cuando los jueces del caso Epstein intentaron localizar a Larry Page en 2023 para tomarle declaración sobre su papel en la trama, una firma de investigación privada no fue capaz de encontrar una dirección postal para él. No es que Larry Page no tuviera una residencia habitual, sino que todo estaba diseñado para que no se le pudiera relacionar con ninguna dirección real.
Imagen | Flickr (Scott Beale / Laughing Squid)
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La noticia
En 2014, Larry Page se compró dos islas privadas por 23 millones de dólares. El problema es que ya tenían dueño y no las suelta
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Rubén Andrés
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