Xataka – Mientras Artemis II busca cómo regresar a la Luna, hay quien ya se ha hecho millonario vendiendo parcelas lunares

Hay vendedores tan hábiles que son capaces de venderle la Luna a cualquiera. No es en sentido figurado. Mientras la NASA trabaja para volver a poner astronautas sobre la superficie lunar con Artemis II, el estadounidense Dennis Hope lleva más de cuarenta años construyendo una fortuna poniendo precio a cada hectárea del satélite y enviando títulos de propiedad por correo. Y lo más llamativo es que nadie le ha impedido hacerlo.

Hope llegó a este negocio en 1980, cuando atravesaba un divorcio y tenía la cuenta en números rojos tras más de un año en paro. Según relató en una entrevista a la revista Vice, pensó que podría hacer algo de dinero si tuviese alguna propiedad, miró por la ventana y se le ocurrió que en la Luna habría muchísimas disponibles. Lo que vino después no fue solo una corazonada: fue una operación millonaria basada en una lectura muy particular del derecho internacional.

El vacío legal que lo hizo posible. Su primer paso fue ir a la biblioteca y buscar el Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967. Lo que encontró fue una puerta entreabierta: el artículo 2 de ese tratado establece que la Luna y otros cuerpos celestes no están sujetos a apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni por ningún otro medio. El tratado ponía límites a la apropiación de territorios lunares a los países, pero no decía nada explícito sobre la propiedad de los particulares.

Hope envió una reclamación formal de propiedad sobre la Luna, los otros ocho planetas y sus lunas a Naciones Unidas, explicando su intención de parcelar esos espacios y vender las propiedades a compradores privados. En su escrito añadió que si tenían algún problema legal, se lo hicieran saber. Nadie le contestó. Por lo que Hope interpretó ese silencio administrativo como una ausencia de oposición legal, y a partir de ahí arrancó su negocio. Según contaba su hijo a ABC, seis millones de personas ya han comprado tierras fuera de la Tierra.

Un negocio intergaláctico con clientela de lujo. Desde entonces, Hope ha vendido parcelas no solo de la Luna, también de Marte, Venus y Mercurio. En una entrevista a la BBC, Hope aseguró que vendía un promedio de 1.500 propiedades al día y explicó que la manera de elegir los lotes era cerrando los ojos y señalando con el dedo índice un punto en el mapa lunar. «No es muy científico, pero es divertido», señalaba al medio británico.

Se estima que ha ingresado unos 12 millones de dólares con este negocio, que asegura es el único que tiene desde 1995. Entre sus clientes figuran expresidentes estadounidenses como Ronald Reagan y Jimmy Carter, estrellas de Hollywood y grandes cadenas hoteleras como Hilton y Marriott.

La carrera espacial reabre el debate. Lo que durante décadas pareció una anécdota pintoresca ha vuelto a la mesa de debate ante la reactivación de los programas espaciales a la luna. Artemis II, se ha convertido en la primera misión tripulada en abandonar la órbita terrestre desde el programa Apolo en 1972, y su objetivo es preparar el terreno para futuras misiones al polo sur lunar e incluso a Marte.

El Tratado del Espacio Ultraterrestre prohíbe apropiarse de territorios en la Luna u otros planetas, pero no prohíbe explícitamente extraer sus recursos, lo que ha generado una zona gris legal que se puso de manifiesto en la ratificación de 2023 de este tratado, en la que también se escuda el negocio inmobiliario de Hope.

Para Kai-Uwe Schrogl, presidente del Instituto Internacional de Derecho del Espacio, la situación es clara: «No hay vacíos legales. Solo hay interpretaciones voluntariamente erróneas del tratado», declaró a DW.

¿La Luna es de todos? Tal y como explicaba Juan Manuel de Faramiñán, catedrático emérito de la Universidad de Jaén y codirector de la Cátedra AstroÁndalus de estudios aeroespaciales y astronómicos a National Geographic, en 2020 la NASA emitió los Acuerdos Artemisa, un documento en el que EEUU establece un conjunto de principios prácticos para guiar la cooperación en materia de exploración espacial entre naciones.

«Hay que considerar que los Estados firmantes de los Acuerdos Artemisa no son firmantes del Acuerdo de la Luna. Debo decir, y es una opinión personal, que los Acuerdos Artemisa se han convertido en un atajo para evitar la idea de patrimonio común de la humanidad y abrir la espita para que tanto Estados como empresas puedan acceder a los recursos de la Luna de acuerdo con sus propios intereses», afirmaba Faramiñán.

Tratados viejos para una nueva carrera espacial. El marco jurídico actual sobre la propiedad de la Luna nació en plena Guerra Fría y fue diseñado para un mundo de dos superpotencias. Hoy hay grandes empresas privadas con capacidad para llegar a la Luna sin apoyo de los Estados, nuevos intereses estatales y el descubrimiento de recursos naturales como el hielo de agua detectado en la superficie lunar, que podría ser clave para misiones de larga duración.

El Tratado de la Luna de 1979, que intentó regular la explotación de esos recursos estableciendo que serían patrimonio común de la humanidad, nunca fue ratificado por ninguna de las grandes potencias espaciales actuales. El resultado es un sistema de reglas pensado para otro siglo, con lagunas que han permitido que un particular venda hectáreas lunares durante décadas sin consecuencias legales.

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Imagen | NASA, Pexels (Nicolas Thomas)


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Mientras Artemis II busca cómo regresar a la Luna, hay quien ya se ha hecho millonario vendiendo parcelas lunares

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Rubén Andrés

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